DIOS LO ES TODO
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DIOS LO ES TODO

Hemos celebrado el tiempo Pascual y la celebración de la presencia viva del Espíritu Santo en medio de nosotros animando, edificando y armonizando el nuevo cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Y en este domingo, agradecidos, contemplamos el mismo misterio de Dios en su Trinidad Santa. Misterio de Dios que tanto nos ha dicho de si mismo y que tanto nos atrae como origen y meta de nuestra vida.

En el núcleo de la fe católica está el culto más verdadero que se puede tributar a Dios en este mundo. En el sacramento de la Iglesia nos unimos a Dios Padre en quien vivimos, nos movemos y existimos y de quien hemos recibido todo.

En Cristo hemos visto al Padre. En el Hijo de Dios, en su Corazón sagrado, se nos abre la fuente de toda santidad para poder vivir sus mandamientos que son camino de liberación y felicidad. Por obra del Espíritu Santo, nuestra vida interior es un verdadero templo habitado, una morada de comunión, un silencio de adoración y una Palabra que seduce nuestra alma inmortal hasta hacerla imagen de la Trinidad.

Dios ha querido que, con nuestro conocimiento y amor, participemos de su vida divina ahora y para la eternidad. Para este fin hemos sido creados y esta es la razón fundamental de nuestra dignidad como personas.

Nuestro deseo es que, en estos días en los que hemos vivido tantas limitaciones, muchos se hayan abierto a Dios, que le hayan buscado, rezado y suplicado, conocido y amado. Porque si al final no amanece Dios en cada etapa de la historia humana, si Él no ilumina nuestro ser débiles, si no se impone y repara nuestros errores, si Dios mismo no nos devuelve íntegro lo que hemos roto a causa del pecado… ¿cuál sería nuestro destino y la razón de vivir?

Un pueblo que tiene prisa por olvidar las causas de su sufrimiento, que prefiere beber, bailar y charlar antes que arrodillarse y agradecer a Dios la vida y la muerte, el cielo y la verdad, el perdón y el dolor, la alegría y la luz de la fe… un pueblo que organiza homenajes para decirnos que, por nuestras fuerzas, lo hemos logrado todo… es un pueblo que, aparentemente, podrá sanar una infección pero que seguirá terminalmente enfermo.

Sin poder acudir a la Iglesia, hemos levantado altares caseros, hemos abierto libros y devociones, hemos cuidado la fe con la comunión familiar, hemos conectado para sentir de cerca una red inagotable e imparable de atención a Dios. Al sentirnos bendecidos por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo hemos ahuyentado los miedos… y porque no amamos tanto la vida que nos de miedo la muerte… todavía queremos amar más a Dios… y eso lo es todo.

Al nacer comenzamos a vivir con Dios. Si durante la vida me desvío, Dios me espera. Si me escondo, Dios está. Si me abro, Dios me llena. Si le doy la mano, él me conduce. Si vivimos y trabajamos es porque damos gloria a Dios. Si amamos es porque Dios nos ama. Si pecamos es para volver a Dios. Si cuidamos la salud y el cuerpo es porque son dones de Dios. Si enfermamos y morimos es porque vamos a Dios. ¡Bendita sea la santísima Trinidad, alabanza por toda la eternidad!

Mn. Pere Montagut, párroco.

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