HOMILÍA EN LA MEMORIA DEL BEATO PERE TARRÉS
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HOMILÍA EN LA MEMORIA DEL BEATO PERE TARRÉS

Sant Vicenç de Sarrià, 30-5-2020.

Nos unimos hoy, más que nunca, siguiendo la liturgia de la Palabra, a la humanidad dolorida, a todos los enfermos y sufrientes, a quienes han vivido más solos o, incluso, abandonados. Que nuestro Beato Pere Tarrés, buen médico celestial y santo sacerdote, interceda para que recobremos las fuerzas y todos tengamos la seguridad de que no somos ovejas sin pastor.

Pentecostés es la fiesta de la Iglesia. Y los Santos son los encargados de mostrarnos, desde dentro, esta vitalidad y fecundidad porque ellos mismos han crecido en el seno de esta madre santa. De la mano de nuestro Beato podemos mirar de qué manera la Iglesia vive de la efusión del Espíritu Santo.

En la vida del Dr. Tarrés, los dones del Espíritu Santo brillaron en él especialmente con la dulzura del don de piedad. Por este don, la vivencia de la amistad con Dios, en Cristo Jesús, lleva el sello del entusiasmo del Espíritu, de la alegría espiritual, del sentido del culto y de la adoración. El Espíritu Santo nos hace sentir la presencia de Dios (el Dr. Tarrés procuraba hacer continuos actos de presencia) y al mismo tiempo nos hace piadosos, es decir, portadores del Amor que hemos conocido para reconocerlo en el amor a los hermanos.

En el Beato Pere Tarrés, entre los frutos del Espíritu Santo, brillan con predilección la continencia y la castidad. De este modo se perfecciona el alma luchando contra las pasiones y vertiendo todas las fuerzas en el único Amor que nos lleva a los amores que él mismo provoca: "amando lo que Él ama".

Mientras que los dones del Espíritu Santo dilatan nuestra vida cristiana para hacerla obrar a la medida, con la capacidad y según Dios, los carismas divinos nos son dados para la utilidad común, para la edificación de la Iglesia. El Dr. Tarrés recibió y acogió el carisma apostólico y pastoral con el que mostró el esplendor del Cuerpo de Cristo. Pentecostés confirma la vocación misionera de la Iglesia. Los apóstoles comienzan a predicar la salvación, la vida profunda de Dios en los corazones (como solía decirnos el Beato Pere Tarrés "si lo conocieran, como lo amarían"). Dios, que es Amor, por la venida del Espíritu Santo, pone el Amor en nuestros corazones y lo difunde por todas partes.

¡Queridos! Dios sabe mejor que nosotros como podemos darle gloria. En estos días de confinamiento hemos recibido perlas evangélicas que no podemos dejar pasar. Ciertamente, hemos vivido unos días en que los medios ordinarios de salvación no estaban a nuestro alcance. Pero por encima de lo que haya sido más o menos acertado, está lo que nos conviene. El mismo Dr. Tarrés, cuando está escondido en un domicilio mientras se levantaba la revuelta que llevaría después a la guerra, desea que esa situación "acabe lo antes posible, pero cuando Él lo diga".

El centro, por tanto, no es lo que "yo" necesito sino el amor providente de Dios que nos da siempre los auxilios que necesitamos. El centro es lo que Dios me da. Por eso mismo podemos decir que cuando nos ha faltado lo esencial, al mismo tiempo, no nos ha faltado nada. También debemos decir, con espíritu penitencial, que quizás estos días hemos entristecido al Espíritu Santo con nuestras quejas y sospechas. Como si quienes tenían la misión de garantizar los medios de salvación ordinarios hubieran perdido la fe al proponernos medios extraordinarios. ¡Es la Iglesia la primera que sufre cuando no puede reunir a sus hijos en la plenitud de la comunión con su Señor! ¡Son los pastores quienes sufren cuando, por razón de su ministerio, no encuentran el objeto de sus amores que son los feligreses y han de sujetarse a la dureza de la ausencia! Y es toda la comunidad la que también sufre cuando no se puede reconocer sensiblemente como Cuerpo vivo unido a su Cabeza y Pastor. Todos hemos sido "tocados" por este dolor del espíritu.

Que el Beato Pere Tarrés nos devuelva una mirada serena para permanecer siempre en la Iglesia, una mirada reconciliada entre nosotros, la mirada que reposa sólo en lo que Dios quiere.

Mn. Pere Montagut

Vicepostulador de la Causa de Canonización

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