SABER AMAR LO EXTRAORDINARIO
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SABER AMAR LO EXTRAORDINARIO

 

El domingo nos devuelve y nos centra en el Evangelio. A veces simplificamos la palabra del Señor haciéndola siempre amorosa. Es verdad que Jesús habla de su amor, del amor de su Padre y de que forma este amor nos habita. Nuestra sociedad habla también mucho del amor. Pero es un amor que se parece más a un instrumento que usamos para sentirnos mejor. Acostumbrados como estamos a consumir, cuando todo se compra, con el objetivo de hacer nuestra vida más cómoda y confortable, pensamos el amor y las relaciones humanas también desde esta perspectiva. El bienestar se ha colocado en el centro y todo lo demás, incluidas las otras personas, giran a su alrededor. La obsesiva reivindicación de derechos llega a ser tan solo una forma de proteger mis necesidades y deseos. El placer, la comodidad y el bienestar son los que dan valor a una vida.

Cuando el Evangelio nos propone que amemos a nuestros enemigos, no lo hace por ingenuidad o ignorancia. Los santos Evangelistas dejan claro que el único poder capaz de llegar a ese extremo es el poder de Dios. Por eso el Evangelio sigue siendo Buena Noticia, porque nos está dando mucho más de lo que nos atrevemos a pedir. En el fondo nos está diciendo: Dios tiene el poder de hacerte amar con una intensidad que ni tú puedes imaginar. Tú tienes el poder de acoger de Dios esa gracia, ese amor, y de repartirlo como Dios mismo lo hace. Tu corazón es grande, es inmenso porque Dios quiere hacerlo tan inmenso como el suyo. ¿Te vas a conformar con menos?

Pero, ¿cómo vamos a asimilar el amor de Dios? San Pablo recuerda a los corintios que son templo del Espíritu Santo. Si somos su templo este Espíritu nos capacita para amar hasta a los enemigos. Cuantas veces han cambiado situaciones que parecían inamovibles: como cuando alguien al que habíamos menospreciado o tratado mal finalmente es quien nos ha acogido y cuidado. Estos cambios proceden de otro corazón, del que siente con la gracia del Espíritu Santo. Este miércoles entraremos en el tiempo cuaresmal: cuarenta días para entender y asimilar el amor de Dios. Y por ello ayunaremos de tanta autosuficiencia, rezaremos para adquirir los ojos del Espíritu y saldremos de nosotros mismos para dar más allá de lo razonable. También a ti, Cristo, te abofetearon y ahora nos mueves a saber amar lo extraordinario, lo que es imposible hacer sin fe. Para ello hay que superar la gran tentación de hacer lo mismo que todos… ante la muerte, en el trabajo o la vida familiar. Hacer lo mismo, pensar lo mismo, querer lo mismo que el mundo enseña, esto es, el ojo por ojo, acaba levantando nuevos campos de concentración llenos de enemigos. El amor divino que comulgamos pide amar y se pone a prueba cuando hay que volcarlo en lo que excede la capacidad humana. Es verdad que hay demasiada violencia o demasiada injusticia pero la Iglesia planta en medio de todos un plus de amor, un plus de bondad. Este plus viene de Dios: es su misericordia, que se ha hecho carne en Jesús y es la única que puede “desequilibrar” el mundo del mal hacia el bien, y hacerlo a partir del pequeño y decisivo mundo que es el corazón de cada uno de nosotros.

 

Mn. Pere Montagut, párroco.

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