ESTAMOS EN EL CANDELERO.
CAT  ESP
ESTAMOS EN EL CANDELERO.

Nuestra fe no se apoya en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Esta certeza que San Pablo comunica a los de Corinto procede de una de las palabras del Señor que han resonado más sobre la faz de la tierra y en la viva conciencia de cada uno de nosotros como discípulos: vosotros sois la sal, sois la luz. Estamos ante un destino tan grande que no llegamos a imaginar su alcance y posibilidades. El propósito de Dios, plantado en nuestra alma, está destinado a brillar pero a imitación de como brilló Jesucristo en la cruz. Queremos creer esta palabra y lo hacemos junto a tantos que, en la tradición viva de la santa Iglesia, también la han creído y practicado. Siglos lleva la Iglesia saciando el alma afligida y dando remedio al hambriento, al desnudo o al sin techo; siglos sin desentenderse nunca de la humanidad sufriente. La oración de la Esposa siempre es escuchada y el Evangelio brilla a pesar de la debilidad de los que lo aceptan, de los que tendríamos que confiar más por encima de lo que vemos. La Iglesia, más allá del descrédito y de las acusaciones sembradas por sus enemigos, no da de lo que le sobra, da lo que tiene, a Cristo mismo, Señor y Juez de la historia.

No es proselitismo procurar que los que reciban una obra buena procedente del corazón de Dios, que esto es la caridad cristiana, redunde en glorificar al Padre que está en los cielos. Es un mandato del Señor: para que muchos abran los ojos y den gloria al Padre. En realidad es una obra de justicia, la mejor y más valiosa, que el mundo necesita. El escaparate de este mundo brilla en falso. Aquí hablamos de lo que no se apaga. Las tinieblas avanzan pero la Iglesia santa no teme las malas noticias. Su aval son los justos de la historia, santos y santas compasivos que han prestado de lo que tenían en abundancia: fe y conocimiento de Dios. Ah como molesta e inquieta una Iglesia segura y firme que no vacila. Algunos la preferirían titubeante e insegura. Pero Dios no la ha hecho así ni en el peor de los escenarios. Que bien habla de ella el Salmo 111: “su caridad dura por siempre y alzará la frente con dignidad”. Brilla el misterio de Dios y su Cruz cuando afianzamos a novios, matrimonios y familias en el amor verdadero; cuando levantamos casas de acogida para madres y mujeres rescatadas del aborto y la desesperación; cuando los pobres dejan de serlo, no sólo por recibir de lo que carecen, sino por descubrir que el amor de Dios siempre ha estado ahí. ¡Empleemos la luz de Jesús y la sal del Evangelio con la Iglesia! Esta empresa no la hará ningún gobierno, ayuntamiento ni organización humanitaria. Vosotros sois la sal, sois la luz.

Alumbremos la casa, la humanidad, el vecindario, las amistades, el trabajo, no ocultemos nada. Cristo nos ha puesto en el candelero de la historia y por ello somos más que actuales. Aunque temblemos de miedo por nuestras incoherencias, que pueden repetirse una y otra vez, apoyémonos en el poder de Dios. Ahora nuestro corazón encontrará la firmeza de la comunión eucarística. Es el misterio que brilla por sí mismo y que no necesita llamar la atención. Sencillamente nos atrae y nos hace resplandecer como Él.

Mn. Pere Montagut, párroco.

Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete