LA CERCANÍA DEL REINO DE DIOS
CAT  ESP
LA CERCANÍA DEL REINO DE DIOS

En un ambiente religiosamente tibio y poco ortodoxo comienza Jesús la predicación del Evangelio. Desde el principio, el Señor se dirige a las ovejas descarriadas de Israel, a los enfermos necesitados de médico, a los alejados de la religión. Jesús no se acerca para decirles que sigan como están, que no se preocupen, que no corren ningún riesgo, que da lo mismo. Acude a ellos con urgencia: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. Esta es la primera palabra pública de Jesús. Somos libres de abrirnos o no. Somos libres de responder o no. Su llamada es para seguirle a Él desde la vocación que nos haya concedido pero siempre será para “estar en el mundo sin ser del mundo” (Jn 15,18-17,14). Ha sido esta una palabra del Señor poco comprendida y practicada.

Pero Jesús sabía que aquellas personas tenían un fondo de grandeza, una inquietud. Antes de invitarles a seguirle los conoció personalmente. Eso ya nos dice que la misión no es un mero activismo social ni que está calculada como una estructura. Jesús sabe que no puede hacer nada solo. Su predicación nos sitúa en el camino mismo por el que se ha de andar. El movimiento vocacional es este: de nuestras cosas nos atrae hacia Él para implicarnos finalmente en lo más suyo que es la cercanía del Reino de Dios. Con la palabra viva de sus instrucciones (de conversión, de seguimiento, de dejarlo todo, de  anunciar el Reino y curar las dolencias de los que sufren) la Iglesia se edifica como Cuerpo de Cristo y, desde su cabeza, se forma como comunidad. No se forma primero como comunidad y luego reconoce a su cabeza. Si fuera así muy poco podría predicar pues el discurso del mundo, el mundo ya se lo sabe. Jesús no llamó a sus discípulos para quedarse solo. Pero si lo  abandonamos a Él, que es la luz, entraremos en la oscuridad y perderemos la paz.

No es Jesús quien sigue a la Iglesia, sino la Iglesia a Jesús. No es la Iglesia la luz sino tan sólo un candelero. Aprendamos la lección del Maestro: conviértete, ven, sígueme y así estará más cerca el Reino de Dios.Pero que Él nos libre también de repetir los errores de Corinto. Todos podemos enredarnos en divisiones por partidarios de unos u otros, por intereses variados, adaptaciones cómodas y mensajes equivocados. Si la predicación de Juan Bautista podía suscitar ciertos temores, la palabra de Jesús genera alegría y gozo y proporciona luz para que Israel salga de las tinieblas. Si por la invitación de Juan muchos recibieron el bautismo, Jesús llama a trabajar por el Reino de Dios. Jesús les hace ver que la prioridad es curar y recuperar a quienes viven sumergidos y oprimidos por las fuerzas del mal. Jesús eligió a los primeros discípulos y después, ya resucitado, llamó también a san Pablo. Sea como sea, el discípulo hará lo mismo que el Maestro, repetirá sus gestos significativos, seguirá su pensamiento; tendrá sus preferencias y su mismo Espíritu. Una luz brillará en todos ellos y gozarán de su presencia. Jesús, a algunos, les pedirá que lo dejen todo. De este modo, en cada uno y en la comunidad, ya podremos ver las primicias de su Reino.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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