¡CÓMO ES DIOS, HERMANOS!
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¡CÓMO ES DIOS, HERMANOS!

El Niño de la cueva de Belén era el mismo del que el evangelista san Juan nos dice que existía al principio junto a Dios, pues era Dios y que se hizo carne y habitó entre nosotros. Por amor, se hizo un hombre más para que los hombres pudiéramos ser hijos de Dios, como lo era Él. Adorémosle, pues es verdadero Dios, con nuestro afecto, nuestra fe y nuestra ofrenda. ¡Que nada haya sido en balde! La obra es toda de Dios. Pero ese Dios tiene un hijo. Todos pensaban que era un solo Dios, pero nunca pensaron en su fecundidad interna. Dios nos habla y nos crea a través de su Hijo, que es su Verbo, su Palabra. Hoy, pues, en este día de la Navidad, celebramos que su Palabra se hace carne, acampa entre nosotros y contemplamos su Belleza. Ya tenemos la clave del universo y la humanidad.

Si buscamos una explicación profunda a la alegría navideña que muchos viven y la mayoría no comprende, aquí está la razón de la Navidad: en el mundo se ha puesto una novedad. La Navidad siempre es nueva, siempre es noticia. Todas las noches de Navidad, aunque hayan pasado ya veinte siglos, el ángel sigue proclamando la gran noticia. El mundo se renueva por este germen de vida eterna injertado en la historia. Recuperemos, pues, la confianza y la seguridad. En vez de inspirar pesimismo a nuestro alrededor, tristeza o miedos, inspirémonos en el ángel y su gran noticia. Aunque nos vengan desolaciones, hay renovación. Dios ha venido y el Espíritu de Dios hace nuevas todas las cosas.

¿Cuántos cambios ha habido en la historia desde que Cristo nació? Y sin embargo este Reino de Dios que Cristo trae al mundo inspira todas las  edades y épocas. No hay tiempo en este día para hacer un recuento de los cambios profundos de la historia que han sido precisamente inspirados por aquello más puro y más santo que se conserva en la Iglesia de Jesucristo. Por eso toda la creación "nos habla" de Dios. Nos remite a su Poder. Y por eso, contemplando todo lo que existe, podemos "escuchar a Dios", que silenciosa pero maravillosamente nos habla por sus criaturas: el cielo estrellado; el amanecer y el atardecer; la majestuosidad del mar inmenso; la belleza de un paisaje todo nos habla de la obra creadora de Dios. Algunos, admirando estas obras las llegan a adorar como a dioses y se equivocan. Otros andan tan tristes y abatidos que ni siquiera levantan la cabeza para ver ni admirar nada. Pero Dios no renuncia a dialogar y compartir con nosotros y elige el pueblo de Israel. Le envió mensajeros de parte suya: patriarcas, profetas, a Moisés. Y todavía más claro: sin dejar de ser lo que era, comenzó a ser lo que no era. Jesucristo, nacido en Belén y recostado en un pesebre, es el Verbo todopoderoso de Dios, Verbo que creó el mundo, que existió desde siempre, que es Dios. Después de todo esto, Dios Padre ya no hablará más. En el Verbo hecho carne nos lo ha dicho todo, nos lo ha contado todo, nos lo ha dado todo. “Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre. Según su misericordia nos ha salvado. Somos entonces herederos de la vida eterna” (Tt 3,4). Dios todopoderoso, que has disipado las tinieblas del mundo con la luz verdadera de tu Hijo, míranos complacido, para que podamos cantar dignamente esta gloria tuya y vida nuestra.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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