PERSEVERAR HASTA LA VICTORIA FINAL
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PERSEVERAR HASTA LA VICTORIA FINAL

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Antes de la gloriosa venida del Señor, antes de la agonía y fin de este mundo, a los fieles de Cristo nos queda mucho que hacer y que sufrir. El Evangelio subraya las persecuciones, las denuncias, interrogatorios y traiciones, el odio, la cárcel y muerte de los testigos de la Fe sin que nos falte nunca la sabiduría para serlo. El Evangelio, en este final del año litúrgico, nos da la consigna: “perseverar”. Esta palabra griega significa: “permanecer firmes bajo una presión”. Se trata, pues, de ser constantes en una actitud de sacrificio y de tener una paciencia activa y fecunda. Implica no ceder ante la tentación de rebajar la Fe. Eso es mostrar y demostrar una fidelidad fortalecida en la prueba. Todas las auténticas iniciativas de Dios llevan el sello de la perseverancia. Perseverar es la fuerza invencible de los humildes y la salvación de las almas. Toda construcción y toda seguridad humana es engañosa: "Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra". Todo pasa, sólo Jesucristo es permanente. Por eso el Señor nos anima a perseverar en la búsqueda de la salvación eterna a pesar de las resistencias, de la marginación, de las persecuciones que por el testimonio de nuestra coherencia podamos encontrar por el camino.

El día del Señor, como lo relata Malaquías, para los que han vivido arrogantemente, en la injusticia, en la ceguera del poder y la corrupción, será su final. Pero los que han vivido según el proyecto de Dios no tienen por qué temer. Es lógico pensar que alguien tiene que anunciar a los arrogantes y soberbios que un día todo eso se acabará. San Pablo, en cambio, nos enseña para que no andemos demasiado preocupados por el fin del mundo y para que no caigamos en la fiebre de una mentalidad alarmista. La ausencia de Dios es lo que siguen aprovechando ciertos grupos sectarios que, más allá de lo religioso, embaucan a muchos en un inminente fin del mundo exagerando realidades que nos preocupan pero sin otro argumento que una culpabilización creciente y la solución de un paraíso ateo. Los poderosos de este mundo siempre querrán ocupar el lugar de Dios en la historia. San Lucas nos advierte de que como cristianos estaremos en conflicto con los que dominan el mundo. Estamos preparados sí, pero más que para el fin del mundo lo estamos para la persecución y para combatir bien en la batalla de ser fieles a la verdad evangélica.

Hay que mantenerse, más allá de las catástrofes que nos puedan venir, para defender a Dios de la instancia crítica del mundo donde no siempre es aceptado. Jesús nos pide estar preparados: no dejarnos engañar por falsas alarmas ni por falsos mesías; no asustarnos por calamidades, terremotos, hambres o guerras; estar preparados para soportar las persecuciones fruto de pregonar el Evangelio y dar un buen testimonio de él. Jesucristo ya nos lo ha predicho antes de que ocurra para darnos serenidad, para que cuando suceda permanezcamos en paz y tranquilos. El Señor nos defenderá, él nos protegerá y nos librará. Dios no nos olvida. Tan presente nos tiene, que ni un solo cabello de la cabeza caerá sin su consentimiento. Permanezcamos, pues, siempre fieles hasta la victoria final.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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