EN CASA, CONTIGO, HE CAMBIADO
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EN CASA, CONTIGO, HE CAMBIADO

 

La salvación es la salud total del cuerpo, del espíritu y del alma. El Hijo del hombre ha venido a buscar lo que damos por perdido. A lo largo de la vida podemos perder fuerzas, alegría, ilusión por vivir. Pero en Jesús todo lo podemos recuperar y, sobre todo, a las personas que creíamos perdidas. Unos padres nunca deben dar a ningún hijo por perdido. Un maestro no puede dar por imposible a un alumno. Un sacerdote no puede perder a los que no frecuentan la Iglesia. A nadie se le puede negar poder ser hijo amado de Dios. Jesús en el Evangelio se acerca a un hombre al que sólo se acercaban los que pagaban el tributo para mirarlo y odiarlo. Jesús y Zaqueo se buscaban hacía tiempo, pero no con una mirada superficial, sino con ojos llenos de preguntas. Zaqueo quería ver a Jesús sin ser visto pero Jesús lo mira sin tapujos. Jesús puede sorprendernos con un trato diferente al que esperábamos. Así nos ama.

Para la vida en sociedad existen ciertos estándares de comportamiento y de aceptación. Pero Dios no nos ve como lo hace el hombre: él mira en nosotros las criaturas que creó y, cuando nos ve, no mira nuestras imperfecciones; ve nuestras necesidades y está dispuesto a suplir lo que necesitamos. La mirada de Jesús penetra nuestro interior. Él lo conoce todo. Zaqueo era más bien ladrón y tramposo. Era muy rico al pedir más impuestos de los que la gente debía y se quedaba con parte del dinero. La gente no podía creer que Jesús fuera a casa de un hombre como este. Pero a Zaqueo no le preocupa su imagen, ni su reputación, ni lo que la gente pueda pensar de él... está dispuesto a todo con tal de ver a Jesús. Y Jesús quiere entrar en su casa y se auto-invita. ¡Menuda sorpresa! Algo inimaginable. Esta invitación no entraba en los planes de Zaqueo, se conformaba con menos, con verle pasar... de lejos. ¿Qué fue lo que vio Jesús en él? ¿Cómo penetró Jesús en el corazón de Zaqueo, que vio allí? El Señor conoce el corazón, sabe cuáles son los propósitos que tenemos para nuestra vida y para Él. Jesús sabe si estamos en un tiempo tranquilo o si estamos en peligro, sabe lo que nos domina y lo que queremos dejar. Jesús conoce todas las intenciones y quiere ayudarnos.

Pero Zaqueo busca con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su condición de hombre público. Sólo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver. Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: “El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador”. Zaqueo baja y lo recibe en su casa lleno de alegría porque hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida para salvar lo que nosotros estamos echando a perder. Dios nos ofrece, por medio de Cristo, la salvación. No la dejemos escapar. No excluye a nadie y prefiere a los que están en peligro de perdición. Jesús hace como Dios en el libro de la Sabiduría: cierra los ojos ante nuestros pecados como dándonos tiempo para el arrepentimiento, la conversión y la fe. Dime siempre Señor, “en tu casa quiero hospedarme” y mezclando la alegría con la comunión contigo lograrás ponerme de pie y pregonar de qué forma he cambiado a los cuatro vientos. 

 

Mn. Pere Montagut, párroco.

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