EL OBJETO DE NUESTRA FE
CAT  ESP
EL OBJETO DE NUESTRA FE

¿Alguna vez, aunque sea de manera inconsciente, hemos acusado al Señor de no responder a nuestras oraciones? Cuando Dios no parece responder lo primero que hay que hacer es analizar bien lo que estamos pidiendo. ¿Oramos con fe, confiando en que Dios Padre celestial se ocupará de lo que le confiamos o solo nos quejamos de lo que ha salido mal? Llama la atención de que forma hombres y mujeres de nuestro tiempo se han desinteresado de creer la verdad revelada por Dios pero, a la vez, se han entregado a una  espiritualidad inmediata y placentera: déjame en paz que no me quiero salvar, que en el infierno no se está tan mal. Y sin atemorizarnos ni un minuto por el más allá algunos dicen con facilidad que creen… que creen en el universo, en la ciencia, en la humanidad o en la divinidad.

Las palabras del fariseo propiamente no son oración porque están dominadas por la soberbia que desprecia a los demás, por las virtudes y obras buenas que convierten a Dios en deudor y por la arrogancia de creerse justo ante la opinión de los demás. El publicano ora en verdad porque reconoce su pecado ante Dios y los hombres sin ningún interés de aparentar lo contrario. Consciente de su miseria, lamenta el pecado y pide perdón a Dios en un rincón del templo. Por tanto, hay oraciones que ofenden a Dios mientras que otras consiguen su objetivo. Por eso dice el Señor al final del Evangelio: el que se humilla (aquél que reconoce su verdad) será enaltecido (será levantado de su nada); mientras que el que se enaltece será humillado, será rebajado.

No se trata de vivir una humildad tonta sino de reconocer que todo lo recibimos de Dios. Ni nosotros hemos merecido los dones recibidos, ni los demás son culpables de no tenerlos. Dios da a quien quiere y como quiere, pero se complace de manera especial en ensalzar a los humildes. Cuando tomamos nuestra vida cristiana seriamente, cuando la Palabra de Dios nos dirige y sustenta, nos puede parecer que todo es demasiado difícil. Pero lo radicalmente difícil no es vivir en cristiano, lo difícil es sencillamente vivir, ser hombre o ser mujer; lo difícil es realizarse como persona en un mundo hedonista, donde sólo se piensa en los intereses y derechos individuales; difícil es vivir en una sociedad donde la violencia y el abuso son moneda cotidiana para conseguirlo todo, donde pisar y pasar por encima de los demás es parte del día a día, donde no se consigue nada si no se es más fuerte que el otro, donde si no hay influencias no se consigue lo necesario.

San Pablo nos dice: “he combatido el buen combate, he concluido ya mi carrera y he conservado la fe”. Está contento y orgulloso porque su combate y su carrera por Cristo no han sido imaginaciones sino situaciones reales: persecuciones, cadenas, palizas, extradiciones, naufragios y tantas vejaciones… todo por anunciar y construir el Reino de Dios. Pero dar fe a nuestras oraciones sería el error. El mismo san Pablo se admira de haber conservado la fe. Porque el objeto de nuestra fe es solo el Señor. Si oramos nuestros deseos la fe vivirá de nuestros planes. En cambio, orar con fe significa entregar nuestros derechos, quejas y deseos al Señor y descansar del todo en su soberana decisión. Desplegado así el poder de Dios conservaremos la fe por medio de su voluntad y de sus propósitos.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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