LA FE SOSTENIDA POR LA JUSTICIA DE DIOS
CAT  ESP
LA FE SOSTENIDA POR LA JUSTICIA DE DIOS

El juez del Evangelio hace justicia sólo para no ser molestado. Pero Dios no es como este juez. Dios nos ha creado y nos ha elegido para participar de su Vida. Dios hace justicia a sus elegidos, su amor por ellos es real. Por eso hay que confiar en él, porque la confianza forma parte esencial de la fe. Sólo el que confía de verdad cree realmente. En el silencio de Dios, que a veces nos envuelve, mantenemos la fe y la confianza. Frente al juez, comparece una viuda que pide justicia como imagen del desamparo y de la impotencia sin familiares que la defiendan. Un juez que no piensa atenderla ni darle satisfacción. Pero cuando ya se pone pesada, cuando no deja de importunar, el juez pragmático decide concederle lo que pide, por su propio interés.

Se puede decir así: la fe en Cristo es la fuerza que en silencio, sin hacer ruido, cambia el mundo y lo transforma en reino de Dios, y la oración cristiana será la expresión de esta fe. Cuando la fe vive colmada del amor a Dios, reconocido como Padre bueno y justo, la oración persevera, insiste; se convierte en un gemido del espíritu, un grito del alma que penetra en el corazón de Dios. De este modo, la oración cristiana es la mayor fuerza de transformación. En la cima del monte, Moisés tenía levantadas las manos en posición de oración. Sus manos levantadas garantizan la victoria de Israel. Dios está con su pueblo, quiere su victoria, pero condiciona su intervención a que Moisés mantenga las manos alzadas. La fe se comunica entre nosotros “de boca a boca” y, más allá de nosotros, se extiende a los no creyentes o miembros de otras religiones mediante las misiones superando los espacios geográficos, históricos o tradicionales de la Iglesia. Por eso, en este domingo de la “Jornada Mundial por la evangelización de los pueblos” (DOMUND), oramos por las vocaciones misioneras que ya escasean, nos sentirnos muy cerca de los misioneros y misioneras también por medio de nuestra ayuda económica y pensamos en los pueblos que los necesitan. Por la fe creemos que este mundo puede cambiar, que se puede construir un mundo diferente según los designios de Dios. Esto es lo que expresa la viuda del Evangelio con su constante reclamar justicia. Ella no admitía ni por asomo que las cosas sean como son y que no haya manera de cambiarlas. Ese reclamar ante Dios se traduce en oración. Y el resultado es que Dios está constantemente cambiando la historia, derribando a los poderosos de sus tronos y exaltando a los humildes.

El problema es cuando queremos cambiar las cosas sin fe en Dios. Queremos salvar el planeta sin el Creador del cielo y la tierra; queremos hacer frente a la enfermedad “luchando” contra ella o mirándola “en positivo” pero desvinculados de la salud del Dios crucificado; queremos un futuro digno para el ser humano pero sin eliminar de su corazón el pecado que todo lo divide y enfrenta, sin respetar el plan de Dios sobre nuestra futura salvación o condenación. El interrogante final del Evangelio nos deja a todos como en suspenso. ¿Seremos capaces de mantener la fe hasta la venida del Hijo del hombre? Cristo establecerá definitivamente justicia, pero ya la está instaurando, poco a poco, con la colaboración de todos los justos. Seamos parte de la humanidad que habla bien de Dios.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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