ENSÉÑANOS, SEÑOR JESÚS, A VIVIR POR LA FE
CAT  ESP
ENSÉÑANOS, SEÑOR JESÚS, A VIVIR POR LA FE

Hablamos mucho sobre la fe en charlas, conferencias, clases, libros, en nuestras instituciones o movimientos... pero no todo lo que muchas personas consideran como fe, lo es en realidad y no pensamos que Dios puede rechazar gran parte de lo que llamamos y practicamos como fe. Incluso podemos utilizar la predicación de la Iglesia para humanizar totalmente la fe como si existiera sólo para aumentar conocimientos o para satisfacer necesidades propias. Es la fe corrompida que nos dice: “Si puedes soñar algo, eso es lo que puedes tener”. Esto es el mayor engaño terrenal y mundano.

El amor a Dios tiene su fuente en la vida en Cristo Jesús y vivimos por la fe cuando celebramos su Misterio Pascual en la divina liturgia de la Iglesia. Así se cultiva, se cuida y crece la fe verdadera. El don bautismal de la fe busca siempre la cercanía de Dios. El termómetro de la buena salud espiritual pasa por la creciente insatisfacción que nos dejan las cosas de este mundo. El Evangelio no contempla que nos presentemos como quien cree haber prestado un servicio y por ello merece una gran recompensa. Las empresas humanas si que cuidan y motivan la capacidad de sus empleados para saber trabajar en equipo además de incentivarles con recompensas según las ganancias. Pero aquí no somos un equipo; somos más que eso, somos comunidad de llamados y discípulos de Cristo. Comunidad que recibe todo lo necesario para resplandecer como su Cuerpo vivo. Los que se creen por encima o al margen de ella siguen un camino fácil y cómodo. Evitan la vida comunitaria, que a veces es una carga y mortificación, abriendo la puerta al cáncer diabólico que respira con los pulmones de la murmuración y de la autosatisfacción. La verdad es que no hacemos nunca bastante para Dios. Está bien considerarnos “siervos inútiles” pero un siervo inútil también ha de ser capaz de dejar en paz al que quiere ser útil, a los que quieren servir a Dios pero quizá no como lo haríamos nosotros. La “inutilidad” es el sello imprescindible del servidor pero al final de su trabajo. Jamás esta inutilidad se coloca como bandera antes de servir. Esta es una actitud de humildad que nos pone verdaderamente en nuestro sitio, sin juzgar lo que no nos corresponde y es lo que, a la vez, permite al Señor ser muy generoso con la fe que nos mueve a servirle con constancia y alegría.

Vivir la vida de la fe es despreciar lo que el mundo estima, aprecia y valora; y apreciar lo que el mundo desprecia. Vivir la vida de la fe, es no emprender nada por motivos puramente humanos, sino por consideraciones procedentes del orden sobrenatural, de la Palabra de Dios, que es lo que hace que la fe nos motive a obrar tanto en las cosas ordinarias como en las más santas y elevadas. Vivir la vida de la fe es, en fin, conservar nuestra vida divina, eucarística y trinitaria,  robustecerla y engrandecerla cada día más, alimentando el alma con las verdades de nuestra fe católica, meditando en ellas y buscando solamente en ellas la luz, la fortaleza y los consuelos necesarios para afrontar los combates, las dudas y penas de cada día. Entremos ahora en su presencia, dándole gracias y revivirá todo para Él. Será por medio de nuestro servicio que la fe nos hará pedir algo grande.

 

Mn. Pere Montagut, párroco.

Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete