LA IGLESIA CRECE POR LA ESPERANZA
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LA IGLESIA CRECE POR LA ESPERANZA

Por la predicación de los apóstoles crece también el gozo y la alegría de la conversión, crece el poder de Dios y su salvación junto a diferencias y problemas nuevos. Es el momento en el que muchos se encuentran entre la novedad de la Iglesia de Jesús y la vieja sinagoga. Están entre lo nuevo y lo antiguo, entre los judíos de siempre y los recién llegados, entre Jerusalén y Antioquia. El libro de los hechos de los Apóstoles describe como algunos celosos de la ley de Moisés, por su cuenta y sin autoridad, querían imponer su criterio a la comunidad, sembrando discordia, perturbando la paz y rompiendo la comunión. Esta situación vuelve siempre cuando algunos actúan desvinculados de los obispos o imponen a todos prácticas espirituales o costumbres propias de su grupo. Jesús nos remite a lo esencial: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.

Amar a Jesús es atender a su Palabra de tal modo que oriente interna y externamente nuestra vida diaria y lo haga cada vez más. Nada es fácil sobretodo cuando su Palabra nos abre el corazón hacia Dios y a los que Él nos da como hermanos. Las tristezas, amarguras, miedos o traumas que anidan en el corazón nos hacen difícil tanto vivir el amor con paz como desear la  paz con amor. Necesitamos que el Espíritu Santo nos enseñe todas las cosas, recuerde lo que Jesús nos ha dicho y nos abra el camino interior para encontrarnos con Dios. No nos enseñará nada que añada algo al Evangelio, sino que nos traerá a la memoria las enseñanzas vivas de Cristo iluminando los ojos del entendimiento y del corazón.

Jesús Maestro nos dice que el Espíritu "os recordará todo lo que os he dicho". La palabra "re-cordar" significa "volver a pasar las cosas por el corazón". Por tanto, se trata de volver a recordar una y otra vez desde el oído hasta el corazón. El Señor anuncia su marcha y entrega a los suyos su paz como herencia. Cuando tenemos miedos, cuando los acontecimientos de la vida nos pesan y entristecen, cuando algo o alguien nos ha quitado la paz interior y llegamos a vivir angustiados… entonces hemos de recordar esta palabra: "Te doy mi paz". En medio de las tormentas de la vida recordar esta palabra viva nos llevará a preguntarnos sobre nuestra confianza en Dios. La paz que Cristo conquistó por nosotros con su cruz es el auténtico fundamento. La esperanza no nos la da una ideología política, ni un movimiento social, ni un sistema económico; nos la da la fe en Dios Amor, encarnado, muerto y resucitado en Jesucristo.

Así caminamos hacia la meta de nuestra peregrinación terrena, hacia el santuario hermoso de la Jerusalén del cielo. La vemos con los ojos de la fe, la contemplamos y deseamos. Allí ya no hay ningún templo: Dios mismo y el Cordero son su templo; y la luz del sol y la luna ceden su puesto a la gloria del Altísimo. La Virgen María, figura nupcial, que en este mes de mayo nos muestra más esta belleza, y que durante todo el año recorre nuestros hogares convierta nuestra parroquia en una verdadera comunidad de hermanos dispuestos a cuidar la paz que nos deja Jesús, a aumentar la fe, a vivir mejor de su Palabra y a perseverar en la alabanza.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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