EL REBAÑO PROTEGIDO Y LIBERADO
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EL REBAÑO PROTEGIDO Y LIBERADO

Cristo, buen pastor, nos anima y nos guía para ir más allá. Más allá de una vida más o menos bondadosa, laboriosa, comprometida en compartir algo de lo nuestro y alcanzar un mundo mejor. Para esto no hace falta ser creyente. En cambio, el buen pastor, Jesús, espera nuestra total adhesión amorosa hacia Él. Esto quiere decir dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. De la misma manera que hay una vida eterna hay también una muerte eterna, de la que las ovejas de Cristo estamos totalmente liberadas: "jamás perecerán ni nadie me las quitará".

Cada uno de nosotros somos la Iglesia que camina en la fe y en el testimonio, en medio de dificultades y sufrimientos hacia la Patria eterna. La “inmensa multitud” del Apocalipsis que viene a hacernos compañía es la Iglesia triunfante como prueba de la universalidad de la salvación ya alcanzada. Entre ellos y nosotros hay una comunión profunda; los “escogidos” interceden por nosotros. En medio de un mundo frío y hostil al testimonio del Evangelio y en tiempos anticristianos hemos de mirar a tantos hermanos que ya han triunfado en el cumplimiento de su misión y en la confesión de la fe. Meditar en la vida eterna y en el paraíso es lo propio de nuestra vida cristiana. La esperanza de tener un lugar entre los santos en la eternidad es el recuerdo secreto que llevamos siempre mientras estamos en esta  peregrinación terrena.

Frente al peligro del mercenario que huye y deja a las ovejas a merced del lobo o del malhechor; el verdadero pastor afronta valientemente el peligro para salvar el rebaño. Este es Cristo que, en su Pascua, demuestra ser el buen pastor que da la vida por sus ovejas. Jesús nos conoce y le conocemos. Es el primero que nos ha llamado desde una unidad profunda entre Él y nosotros. Su voz es única y se escucha no con los oídos sino con el corazón abierto. Dios tiene una voz única para cada uno de nosotros. Habrá que ser precavidos y no caer en manos de los falsos pastores que no buscan el bien espiritual sino el aprovechamiento de las ovejas dispersas y divididas. Si seguimos al buen pastor el Señor nos promete dos frutos. El primero:”Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre”. Cuantos más años cumplimos más naturalmente nos acercamos a la muerte. Un día nuestra vida se acabará, dejaremos de respirar, todo se parará. Dejaremos nuestras casas, nuestra familia, nuestros amigos y conocidos. Ante nuestra muerte Jesús nos dice que nos dará vida eterna, que nuestra muerte, que nuestra destrucción no será para siempre. Es la promesa que incluye nuestro Bautismo como gracia desde la que todo se explica.

Y el segundo fruto: “nadie las arrebatará de mi mano”. Estamos, pues, protegidos. Jesús no nos dice que no tendremos enfermedades o problemas; tristezas o dificultades. Estar en su mano es estar apoyados en su fidelidad, en su amor y en su luz para siempre, pase lo que pase. Nuestros sufrimientos de aquí terminarán, en cambio, la alegría que Jesús nos dará no tiene fin. Tan grande es el amor de Dios para con nosotros que, además de ser pastor, es también alimento y comida que nos libra de nuestros pecados. En tu mano Señor aprendemos a vivir, de tu mano aprendemos a caminar, por tu mano aspiramos al Cielo.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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