EN SILENCIO Y CREYENDO QUE ES EL RESUCITADO
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EN SILENCIO Y CREYENDO QUE ES EL RESUCITADO

 

El Evangelio de hoy nos narra la tercera aparición de Jesús después de resucitar. Esta vez se aparece a siete de sus discípulos junto al lago de Tiberiades. En las dos anteriores apariciones el Señor se aparece en domingo, en esta ocasión lo hace cualquier día de la semana, les visita cuando están ocupados en sus quehaceres diarios, en el trabajo. Jesús llega cuando está empezando el día; está en la orilla pero los discípulos no sabían que era Él. En otra ocasión, cuando los discípulos eran zarandeados por una tormenta, fue Jesús quien se acercó a ellos andando sobre las aguas. Esta vez son ellos los que, terminada la jornada, se acercan a la orilla junto al Resucitado. Después de la muerte de Jesús los discípulos atraviesan por un momento de desorientación frente a su futuro y al futuro de la Iglesia y toman la decisión de volver a la vida de antes. Nos dice el evangelista que pasaron toda la noche intentando pescar sin coger nada. Toda esta dispersión, todo este deseo de volver a la vida normal de antes son efectos de la voluntad humana. Es Dios quien permite que los apóstoles pasen por esta situación de privación del Resucitado. Sin el objeto amado y con el vacío en el alma vuelven a su vida anterior.

Pero Jesús resucitado hace a los discípulos una nueva llamada al seguimiento. No tienen alimento y Jesús se lo ofrece. Los discípulos se dan cuenta de que no pueden hacer nada sin Él. Se repite la pesca milagrosa de la primera vocación como una forma de elevar los ánimos de los apóstoles para que comiencen de nuevo. Además, Cristo rehabilita a Pedro de sus tres negaciones confirmándole en el compromiso de guiar y alimentar sus ovejas. De este modo, nace una nueva experiencia de vida en el amor del Resucitado que llegará hasta dar la vida por Él y por la Iglesia. Hoy seguimos echando las redes pero casi nadie cae en ellas. Muchos padres y abuelos se sienten tristes de no haber podido transmitir la fe a sus hijos y nietos. Muchos catequistas se preguntan, a veces, de qué sirve tanto esfuerzo y tantos trabajos en la catequesis. Nuestro apostolado puede sentir el cansancio y la decepción de echar las redes y no conseguir nada.  A menudo estamos en la noche de la fe.

Pero la pregunta de Jesús a Pedro alumbra el pensamiento carnal con la fuerza del amor de Dios. Lo que Jesús quiere es llenar el vacío que la negación había dejado en el alma de Pedro. Jesús, al sentirse amado, triunfa en el corazón de quién lo ama. En cuanto el alma se abandona en Jesús, Él se abandona en el alma. ¡Qué pena que haya personas dispuestas a obedecer a los hombres antes que a Dios! ¡Qué tristeza que haya tantos difusores de la “mala noticia” de la muerte! Los discípulos consiguieron aquél día una gran pesca porque se fiaron del Señor. Fiémonos de Él, echemos las redes, con los hijos, con los nietos, con todas las personas que nos rodean, insistiéndoles para que no dejen la Iglesia, ni la misa, ni la oración, hablándoles de la bondad de Dios, de lo bueno que es vivir con plenitud, de tener fe y confianza en Él. Mostremos, sobre todo con la vida, que realmente creemos en nuestro destino de gloria. Que este tiempo pascual nos ayude a ser agradecidos cuando el Señor se nos manifieste cercano para alimentarnos, darnos ánimos y alegría.

 

Mn. Pere Montagut, párroco.

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