SALIR AL ENCUENTRO Y PERDONAR
CAT  ESP
SALIR AL ENCUENTRO Y PERDONAR

Es bueno pensar, al amparo de esta parábola, que lo que mueve a Dios Padre a abrir los brazos no es la comprobación del arrepentimiento de su hijo ni el conocer los motivos del regreso ni tan siquiera tener la certeza de que, en adelante, su hijo no caerá ni en la misma actitud ni en el mismo error. Simplemente está el hecho de que ha vuelto a casa. Esta es la alegría y la consolación del pecador: Dios no exige de antemano un corazón puro para abrazarme, recibirme y acogerme. Dios sabe, más que nadie, que no he encontrado la felicidad en mis derroches y pecados, y que tampoco uno vuelve por el egoísmo de encontrar seguridad y paz. El amor de Dios no necesita explicaciones, no pone de entrada condiciones, le basta la vuelta.

Alejarse de Dios y de todo lo que conlleva, es decir, de estar siempre con él y que todo lo suyo sea mío, es perderse en un proceso de debilidad general. Como cuando uno se aleja del fuego más frío tendrá. Estar perdidos y no reconocerlo, estar solos porque no concedemos a los demás el título de hermanos es el inicio del alejamiento. Después vendrán la rutina, la desesperación y el desamor. El Evangelio de hoy pone el acento en la misericordia que nos quiere vivos en la verdad. En otras páginas evangélicas, el Señor nos pedirá concretar esta vida en la verdad pasando por la puerta estrecha, guerreando contra Satanás que siempre vuelve para dejarnos peor que antes o invitándonos a extirpar algo para entrar en su Reino. Salgamos hoy de esta celebración eucarística más conscientes de que Dios nos lleva en la palma de la mano y que la vida cristiana no es una búsqueda de autorrealización personal sino una radical experiencia de nuestros límites y una dependencia sana del amor que nos salva.

La sorpresa que nos da Dios es a imagen de un hijo que acaba de tener un accidente con el coche de su padre y recibe un mensaje suyo que le dice: "hijo, recuerda que a quien quiero es a ti, no al coche". Si esto lo hace una madre, un padre, un amigo, cuánto más Dios nos da siempre una nueva oportunidad poniendo como centro las razones del corazón y no tanto el entorno de apariencias que lo envuelve. Pero si nos quedáramos aquí, nos quedaríamos cortos. Tenemos que desear no solo ser de los que reciben compasión sino ser de aquellos que la ofrecen. "¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!" (Salmo 33). Ser bueno no es no meterse con nadie. La bondad se mueve, necesita encontrar, mostrar perdón y amar entrañablemente. Aquí tenemos el programa de nuestra conversión pascual. Finalmente, podemos imaginar lo que vendría después de la fiesta, pasadas las emociones y con la alegría serena de haber vuelto y estar en casa. Vendría, bien seguro, una conversación de padre a hijo en la que se caería en la cuenta de que no ha habido condena aunque nadie está libre de pecado. Pero también juntos se entretendrían en ver el trasfondo maligno de nuestras decisiones y de qué forma la providencia de Dios las aprovecha. Y acabaría ese diálogo como de costumbre: “en adelante no peques más” (Jn 8, 11-12). Esta es la obra maestra y el más perfecto retrato de Dios. En cada misa se nos abre el camino de retorno y la puerta de la casa en la que somos esperados. ¡Aprovechémosla!

 

Mn. Pere Montagut, párroco

Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete