LA ESTRATEGIA CUARESMAL
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LA ESTRATEGIA CUARESMAL

Cuando se abandona la ley de Dios, en lugar de la ley del amor acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. La gran tentación de nuestros días es precisamente esta: acusarnos, tentarnos. Desde muchas instancias se nos hace ver que la sociedad o las leyes de turno son la verdadera solución. No podemos ceder a presiones sociológicas, ni mucho menos políticas, donde se nos vende (a un precio muy alto) un escaparate en el que se muestra lo que ahora vale, todo lo que puedo tener, lo que soy como dios de mi mismo, todo lo que puedo hacer si así lo quiero… El Señor, en cambio, una vez más nos pide andar prevenidos.

La tentación nunca viene de Dios, pero Dios la puede permitir. ¿Por qué? Dios puede permitir el mal para sacar un bien mayor. Dios envía pruebas pero Dios nunca manda tentaciones. Entonces, ¿de dónde vienen? Pues del diablo. Ante ello se impone que tengamos una estrategia sabia contra los engaños y ataques del demonio en esta batalla feroz por la salvación de nuestra alma inmortal y las almas de tantos otros que puedan estar en vías de perdición. Miremos un poco por donde va esta estrategia. Empezamos confiando en el poder de Dios.El diablo es astuto, hábil y malintencionado. Pero nos dice la fe de la Iglesia que es una simple criatura y su poder se limita a la voluntad permisiva de Dios. Sabemos que estamos en combatehasta que termine la vida. Si estamos soñolientos o somos ingenuos seremos presa fácil. Nos toca vigilar.Es el estado permanente de la conciencia. El espíritu está dispuesto a todo pero la carne es débil. Los Apóstoles fallaron por falta de vigilancia. Lo que rezamos, sin la constancia y la fe, no será oración. Somos penitentes. Algunos demonios solo pueden ser expulsados a través de la oración y el ayuno, la confesión y el arrepentimiento. Conviene examinarnos. Aceptar las inspiraciones del espíritu bueno y rechazar las malas inspiraciones. El diablo, por su parte, también nos examina para descubrir el punto débil y matar. Si sabemos como y donde somos más vulnerables pondremos protección. En la desolación estaremos quietos. Al estar cansados, frustrados, desganados, agotados… somos el blanco del diablo. A pesar de la oscuridad del alma, la confusión del espíritu y una inclinación a lo que es terrenal y bajo sujetémonos a nuestro Creador y Señor sin pensar nada y esperando que todo pase. Actuar en contra. Hacer lo contrario a la tentación. Si comemos demasiado, mortificación y caridad. Si tienta la pereza, levantarnos antes. Si herimos con la lengua, amabilidad. Si regateo tiempo de oración, rezo un poco más. Y finalmente, el recurso al Santo Nombre de Jesús y de María. El diablo tiene un miedo mortal a estos nombres. Dios prometió que el talón de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Todo poder maléfico tiembla ante la Virgen María y los hijos que la invocan bajo su manto.

Iniciemos el camino cuaresmal con esta estrategia. Bajo la guía segura de la Palabra de Dios, reponiendo fuerzas en la Eucaristía, comulgando y adorando y dejemos que el Espíritu Santo nos estimule a progresar. ¡Sólo Tú, Señor, tienes palabras de Vida Eterna! ¡Sólo Tú, Señor, eres capaz de darnos fuerzas para vencer y salir victoriosos de la tentación de cada jornada! Tú, Señor, sólo Tú… vencerás en el desierto de nuestra vida.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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