HOY SE NOS ABRE UN TRÍPTICO ESPLÉNDIDO
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HOY SE NOS ABRE UN TRÍPTICO ESPLÉNDIDO

Hoy se nos abre un tríptico espléndido: la Epifanía del Señor a los Reyes Magos, como representantes del pueblo gentil; el bautismo de Jesús, en el que el Espíritu Santo y el Padre lo proclaman Hijo de Dios; y la presencia de Jesús en las bodas de Caná realizando el primer signo como Mesías convirtiendo el agua en vino. Son tres acontecimientos en los que Jesús se manifiesta como el enviado de Dios para la salvación del mundo.

 Jesús realizó en Caná su primer signo y no lo hizo en el Templo de Jerusalén sino en medio de una celebración y banquete de bodas. Las seis tinajas de piedra son todavía la imperfección de la creación del hombre a la espera de la séptima tinaja, la del séptimo día, la de la plenitud y perfección de la creación de Dios. La ley, escrita en tablas de piedra, ha de pasar al corazón. Las tinajas están vacías y el agua ya no purifica. Hay que llenarlas con el vino nuevo del amor nupcial, exclusivo, total y gratuito de Dios para el ser humano.

No hay comparación entre los ritos judíos de purificación y el verdadero sacrificio redentor de la sangre de Cristo significado por el vino nuevo y mejor. San Juan subraya la sobreabundancia de la gracia que se nos da por Jesucristo con la enorme cantidad de agua convertida en vino. Así se destaca la excelencia del vino que representa la doctrina de Jesús frente a la ley del Antiguo Testamento. Es tan grande el amor de Dios que no tiene reparos en desposarse con nosotros. Luego cada uno tendrá que responder a ese amor divino con amor y amando a las personas en las que Dios se manifiesta que son las que tengo más cerca. Podemos tener de todo pero si nos falta el vino de la salvación que nos trae Jesús todavía no habremos entrado en la autentica fiesta.

Los maestros espirituales nos dicen que los tiempos de crisis son oportunidades que Dios nos da para madurar interiormente y acercarnos más Él. Por muy hundidos que nos sintamos, es importante no dejar de amar a Dios y desear la comunión con Él. Imaginemos un matrimonio que lleva años casados y tienen dos hijos todos muy felices. Los domingos celebran la Eucaristía y participan en su parroquia, los hijos aman a sus padres y ellos ayudan a sus hijos con sus deberes. No han tenido nunca episodios de violencia familiar ni han sido infieles ni están atados a ninguna adicción. Son una pareja feliz que no se está recuperando de nada y no necesita de ninguna terapia. Cada día renuevan su amor, lo fortalecen y se sienten más bendecidos. Según el evangelio de hoy, esta es una vida a la que no le falta el vino porque lo encuentra en la unión con Cristo Jesús y en una fe viva y cuidada.

En cambio, otras familias buscan el vino en mil distracciones y sustitutos de la fe. Y por ello experimentan los mas variados fracasos: traiciones y dolores entre novios, humillaciones e infidelidades entre esposos, padres dolidos por el abandono y el alejamiento de los hijos, falsos amigos que dejan herido nuestro corazón... Nuestra felicidad solo puede estar basada en la indisolubilidad de la alianza eucarística que ahora celebramos. María es la que adelanta el comienzo de la misión de Jesús. Confiemos, de su mano, en la poderosa intercesión que goza ante el Señor.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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