AÑO NUEVO ACOMPAÑADOS DE MARÍA, LA MADRE DE DIOS
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AÑO NUEVO ACOMPAÑADOS DE MARÍA, LA MADRE DE DIOS

Año nuevo acompañados de María, la Madre de Dios. Ella es la única que jamás defraudó ni a Dios ni a los hombres, que pasó por el mundo no sólo haciendo el bien sino comunicando a todos el Bien que lleva en sus brazos. Nosotros, como hijos de María, como niños de andar vacilante empezamos el año cogidos de la mano de nuestra Madre que lleva de la otra mano a Jesús Niño, para que nuestros pasos se acompañen con los pasos aún también vacilantes de Jesús. Además hoy, ocho días después del nacimiento de Jesús, celebramos su circuncisión y la imposición del nombre, pues según la costumbre de los judíos, a los ocho días de nacer un hijo, era llevado a circuncidar y se ponía nombre al recién nacido. El nombre de Jesús nos recuerda que Dios salva, que ha nacido para rescatar al mundo.

En este día, pues, nos dirigimos a María, con el título de Madre de Dios. Al hacerlo, reconocemos dos cosas. En primer lugar, la maternidad de María y, en segundo lugar, la divinidad de Jesús. No endiosamos a María, humanizamos a Dios. Dios se rebaja y se hace hombre, niño, en María. Es esa maternidad, es el ser la Madre de Jesús, la causa y el fundamento del culto y la devoción que los católicos profesamos a María. La Iglesia coloca, en este primer día del año, la fiesta de Santa María Madre de Dios y, junto a ella, implora la Paz que sostiene al mostrarnos Jesús el fruto bendito de su vientre. A pesar de que, desde que el hombre es hombre, sus instintos egoístas le han enfrentado con sus semejantes, a pesar de tantos enfrentamientos, luchas y matanzas de unos a otros con un odio incomprensible, también es verdad que la paz ha sido y es una de las aspiraciones más preciosas de la humanidad. Cada año imploramos de la Madre de Dios el don de la Paz que ella cuida y hace crecer. Los fanatismos de todo tipo, las formas de pensar que se quieren imponer, las tiranías que ponen las ideas por encima de cualquiera, el olvido de la justicia, el maltratar el don supremo de la vida… son un cúmulo de situaciones que hacen que la paz siga siendo zarandeada y herida.

Gracias a María se realizó el admirable intercambio: Dios hace suya nuestra condición humana y a nosotros nos da parte en su naturaleza divina; Dios desciende hasta la muerte para elevarnos a la vida divina de la Santísima Trinidad. Hoy damos gracias a Dios por la Madre del Mesías, nuestra Madre, por su colaboración fiel a la salvación de los hombres. Que Ella, Reina de la Paz, la conceda a todo el cuerpo de la Iglesia que sabe cuidar como nadie. Y paz para las decisiones de gobernantes y políticos que no son ni adivinos ni intérpretes de la convivencia social; que tan solo tienen obligación de salvaguardarla. Esta paz de Jesús es acogida antes como don en las conciencias rectas, en las  familias unidas y en la fe de los pueblos. Oremos para que esta paz, en manos de los gobernantes, no llegue a ser alterada hasta su destrucción. Mater Dei, Regina Pacis, ora pro nobis.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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