HOY CELEBRAMOS LA PALABRA QUE ES LA LUZ
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HOY CELEBRAMOS LA PALABRA QUE ES LA LUZ

Hoy celebramos la Palabra que es la Luz, que vino a este mundo e ilumina a todo hombre. Jesús es la Palabra que ilumina. Y no lo hace sin venir a este mundo. Jesús hoy ha venido al mundo y permanece en el mundo como el que ha venido, como el que ha salido al encuentro del ser humano. Muchos huyen del mundo, buscan una trascendencia fuera de él. Sin embargo Jesús es la Palabra viene al mundo. Y no solo viene sino que viene e ilumina a todo hombre. Esa es su intención divina más profunda y clara: iluminarlo todo con su Presencia.

Y para quienes estamos en el mundo, la llamada que recibimos en Navidad es imitar el movimiento de esta Palabra que es Jesús, que viene al mundo a traer la Luz. Estamos llamados a estar en el mundo y a servirlo con la Palabra que lo ilumina. No nos servimos del mundo ni somos del mundo pero servimos al mundo como Jesús. Somos servidores de la Palabra que es la Luz, caminamos a la luz de la Palabra que ilumina a todo hombre sin distinción. El mundo y la humanidad viven en la división y los que hemos recibido el poder de ser hijos de Dios no podemos privarle de esta Luz y de esta Palabra. La humanidad necesita la Comunión con esta Palabra.

Jesús viniendo a darse como Palabra que ilumina a los hombres se encuentra con el drama del rechazo: “y el mundo no la conoció”. Es el misterioso rechazo de la humanidad que somos cada uno de nosotros. Pero Dios no detiene la Historia, al contrario, esta decidido a sostenerla y continuarla. Somos hechos por Jesús, Palabra que ilumina, sin embargo muchas veces lo ignoramos y desconocemos como el que esta entre nosotros como Palabra y Luz. El que hoy ha nacido en Belén y ha entrado en la historia es también quien la ha hecho. En esto consiste su locura de amor: viene a nosotros, a pesar de nosotros y esta es nuestra paz. Aunque no lo recibamos, no deja de venir, no nos priva de su Presencia. Sin su Presencia en medio del mundo quedaríamos sin la mano que nos sostiene. Ningún rechazo humano es total y por eso proclama el Evangelio: hay un pueblo cuyos miembros no han nacido de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que han sido engendrados por Dios mismo. Por eso afirmamos, además, que Jesús es engendrado en mí, en nosotros, en la Iglesia, y que nos engendra a la vida nueva de los hijos de Dios. Podemos ser hijos de Dios porque el Hijo de Dios ha nacido entre nosotros y en nosotros.

Es el Misterio de lo Eterno que ha entrando en el espacio de lo temporal y en nuestro tiempo haciéndose carne, de nuestra misma condición humana. Jesús, el Hijo de Dios encarnado, vivirá enteramente la condición humana para manifestar, desde ella, la gloria, la gracia y la verdad que ya son accesibles porque Dios habita entre nosotros. ¡Misterio de fe! el Hijo Eterno del Padre, Amado del Padre, de quien lo recibe todo y a quien todo lo da… vive entre nosotros. Celebremos, pues, la Navidad, una sola realidad en un solo misterio de amor insondable que permanece abierto para ser acogido ayer, hoy y siempre. Anunciemos al mundo, jubilosos en la fe: ¡ha nacido el Salvador!

Mn. Pere Montagut, párroco.

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