AL SERVICIO DE DIOS
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AL SERVICIO DE DIOS

No sabemos si María llevó un regalo a su prima Isabel. San Lucas no lo menciona. En cambio, sí sabemos que le llevó la alegría y el gozo del Espíritu. Sabemos que las dos, María e Isabel, cantaron la grandeza de Dios actuando en sus vidas. Sí sabemos que los niños, como el rey David ante el arca de la alianza, saltaron de gozo en el vientre de sus madres. Sabemos también que María era la portadora de Dios, la nueva arca de la alianza, pero no ya con las tablas de la ley y el maná, sino llevando a Jesús llena del Espíritu. No son dos embarazos normales, la normalidad de Dios nada tiene que ver con nuestra normalidad.

Es bueno preguntar a Dios ante el misterio de la vida, ante las cosas que nos suceden cada día: “¿Cómo podrá suceder esto?”. Y la respuesta es: vendrá el Espíritu Santo y el poder de Dios altísimo. Cuando el Espíritu de Dios viene a nuestra vida y nos dejamos hacer por Él entonces es cuando empezamos a entender. A Dios se le entiende aceptándole. Ante la duda, aceptemos siempre los designios de Dios. Miqueas nos hace ver cómo de lo pequeño e insignificante, Dios puede hacer surgir algo muy grande. Desde donde menos se podría pensar, el Señor actúa y manifiesta su salvación, en virtud de su misericordia infinita. Por eso desde la humilde aldea de Belén se levantará aquel que pastoreará a su pueblo con la fuerza y majestad del Señor. Así actúa Dios: “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.

De parte de Dios se nos pueden decir cosas importantes. Tal y como el ángel le dice a María: "Dios te ha concedido su favor". Si lo pensamos bien, el Señor siempre nos tiende la mano para que no venga a menos la fe y aceptemos así su plan de salvación. Dios nunca se olvida de nadie, incluso se acuerda de los que no se acuerdan de Él. María, muy joven, prometida con José, en su casa y en sus cosas, es visitada por Dios y es invitada a vivir el don y el misterio de la maternidad y de la fe sin entender nada. Soy la esclava del Señor, que Dios haga conmigo lo que me ha dicho. Estar completamente al servicio de Dios, a lo que Él quiera y determine, es la enseñanza más clara que nos deja la Virgen.

El primer fruto de la fe que vemos en María e Isabel es la plena disponibilidad y alegría en compartir lo mejor que Dios les ha dado. Estamos cerca de días entrañables, días de amor y de hogar, días para renovar el deseo de prestar más atención a la presencia de Dios.  Estamos llamados a compartir la bendición de Dios en Cristo Jesús ya sea en nuestra familia de sangre, entre nuestras amistades y con los que, sin conocerlos, recibirán nuestra caridad. Días de gozo limpio y sereno, de acción de gracias a Dios y Señor nuestro que, siendo tan alto, ha descendido para estar con nosotros. Que la llegada del Niño Dios nos anime a corresponder con amor, cuajado en obras, ante la prueba de la más grande revelación del cielo. La bondad de Dios, dejando la mansión de la Luz y bajando al oscuro valle de lágrimas, ha iluminado y ha plantado definitivamente la más alegre y firme esperanza. Miremos la fidelidad de María, miremos la bondad del cielo y esperemos lo que se cumplirá y que está por nacer.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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