LA ALEGRÍA DE SER PUEBLO SANTO DE DIOS
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LA ALEGRÍA DE SER PUEBLO SANTO DE DIOS

En nuestra vida social hay un déficit de alegría. Muchos llegan a pensar si la vida tiene sentido. La fiesta de hoy nos dice que si recorremos la vida viviendo por Cristo, con él y en él, entonces todo tendrá una razón de ser y puede convertirse en una vida maravillosa. Celebramos a Todos los Santos con la gratitud de pertenecer a un pueblo de Santos. Somos hijos de una familia de Santos. Podemos sentirnos muy pequeños, muy pobres, y lo somos. Pero, a la vez, nos sentimos felices de pertenecer a la familia de los Santos de la Iglesia como la gran obra de arte de la creatividad del amor de Dios.

¡Cuantas dosis de humanidad bella han brotado de la Redención de Cristo! No podemos olvidarlo: cualquier "sí" que decimos al designio de Dios, hasta en lo más pequeño, puede cambiar la Historia del mundo, puede ser un imán que atraiga hacia la imitación de Cristo, puede abrir un torrente de santidad y de vida en el que muchos podrán saciar su sed de Dios. Los Santos no trabajan de manera gratuita, esperan una recompensa: la de gozar de la dicha de la presencia del Señor por toda la eternidad. El déficit de alegría que sufre el mundo tiene que ver con esto. Grandes masas de personas creen poco o nada en la eternidad. Todo empieza y termina en lo efímero, en el instante, en lo inmediato. Incluso muchos bautizados dudan o comentan con ironías la vida celestial. Nuestra verdadera alegría está en la esperanza de ver y estar con el Señor en la eternidad. Cuantas cosas cambian cuando trabajamos y nos afanamos cada día por un montón de cosas sabiendo que nuestra recompensa definitiva no está en este mundo ni en lo que los hombres puedan ofrecernos como garantía de felicidad.

Estos niños que han venido con estos trajes tan vistosos nos recuerdan que formamos parte del Pueblo santo de Dios. Y que en este pueblo se nos contagia la alegría de crecer entre tantos testimonios de fe. Eso es lo que hace nuestra vida amable, nos da el gusto por la vida y por las cosas bellas de la vida. Y aunque nos gusta celebrar el cumpleaños, sobre todo, celebramos nuestro Santo. Y en algunos pueblos cristianos incluso las familias escogen un Santo al que se encomiendan y celebran juntos con gran devoción. El pecado no podrá herir nuestro ser santos unidos a Cristo pero si que puede quitarnos el gusto de la santidad en medio de nuestras fragilidades.

Recuperemos la alegría de pertenecer a este Pueblo santo y de estar invitados a la fiesta del banquete de bodas del Cordero, del que participamos cada vez que celebramos la Eucaristía. Damos culto a la vida, al Dios vivo, que es fuente de toda vida, fuente de todo amor, fuente de toda belleza, fuente de toda verdad y de todo bien. La vida cristiana centra nuestra mirada en todo lo bueno, en todo lo que nos conmueve y nos atrae y nos alegra la vida como un pálido reflejo de la Belleza inmensa de Dios y de su Amor. Somos santos pues vivimos en Cristo Jesús, formamos un pueblo Santo y, como consecuencia de ello, nuestra tarea es vivir en santidad. Así pues, que en medio de toda nuestra vida santa resplandezca siempre la Gloria de Dios.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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