JESÚS ES EL MEDIADOR Y EL SALVADOR
CAT  ESP
JESÚS ES EL MEDIADOR Y EL SALVADOR

Jesús es el Mediador y el Salvador único de todo el género humano. Y quien no le conoce, si se salva, se salva gracias a Él y a su muerte redentora. ¿Pero qué sucede con los que no pertenecen a la Iglesia visible? Hoy vemos que los discípulos tenían muy arraigada la convicción de que Jesús les pertenecía a ellos. Que eran los únicos e indiscutibles custodios de su acción. Por ello se sienten molestos cuando alguien hace milagros en nombre de Jesús sin pertenecer a su grupo.

La santa Iglesia de Dios es "católica", es decir, "universal". Por este hecho no existe la Iglesia de una nación ni podemos encerrar la Iglesia en nuestro grupo preferido. Dios puede llegar a los corazones de muchos sean quienes sean, vengan de donde vengan. Nosotros no somos competentes para clasificar sin más quién es del Señor y quién no. Jesús no prohíbe nada al que hecha demonios en su Nombre aunque no sea "de los nuestros". Necesitamos pedir un corazón libre para saber que incluso aquellos que no están con nosotros, profesando la fe de la Iglesia, pueden hacer cosas inspiradas por Dios. Ello no hace más que confirmar la infinita generosidad de Dios y su voluntad de “que todos los hombres se salven” (1 Tm 2,4). Deberíamos hacer nuestro el deseo de Moisés: “Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor”.

Jesús parece valorar de estas personas “de fuera” el hecho de que no estén contra Él, que no combatan positivamente la fe y su verdad, esto es, que no se pongan voluntariamente contra Dios. Y que aunque no sean capaces de servir y amar a Dios, plenitud de nuestra vida, lo hagan a través de su imagen, que es el hombre, especialmente el necesitado. Así nadie quedará sin su recompensa. Sólo Dios conoce la forma en la que los que no tienen la suerte de vivir en el Cuerpo místico de Cristo puedan ser asociados a su misterio Pascual. Los pequeños a quienes no se debe escandalizar no son en este Evangelio los niños, sino los débiles en la fe, los que, apenas y con dificultad, dan sus primeros pasos en el seguimiento del Maestro. El que provoque este escándalo asume una responsabilidad enorme.

Y finalmente, nos recuerda el Señor el cuidado que debemos de tener para no caer en el mal. Habitualmente nos quejamos por todo lo que nos hace sufrir, lo que nos hace pecar… En verdad, Jesús nos enfrenta con nosotros mismos usando la comparación de los miembros del cuerpo. El cuerpo es lo más íntimo que tenemos, es el lugar desde donde salen las acciones. Una vez más no es el pecado que viene de fuera el que preocupa a Jesús, es el pecado que nace de dentro. Seguir a Cristo sin pecado significa abandonar lo malo que sale de nosotros mismos.

Es cierto que al abandonar el pecado para seguir a Cristo la sensación primera es que estamos como mutilados, como que nos falta algo en nuestra vida: tan grande es el sello de la esclavitud a la que nos sometía el pecado. Pero es mayor la libertad de quien nos libera. O matamos al pecado en nosotros o el pecado nos mata. Tenemos que mutilar lo que nos esclaviza. Libéranos de toda arrogancia Señor y consérvanos libres e inocentes para ver los signos de tu grandeza más allá de nosotros.

Mn. Pere Montagut, párroco.

Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete