Con motivo de la partida de Cristina Pinto como postulante en la Congregación de la Compañía del Salvador.
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Con motivo de la partida de Cristina Pinto como postulante en la Congregación de la Compañía del Salvador.

La luz y la salvación que nos vienen de la Palabra del Señor son la defensa necesaria ante nuestros miedos e incertidumbres. Mi Luz para progresar como hijos de Dios y para acertar en la respuesta que damos a la llamada del Señor. Y mi salvación: la que Jesús nos ha obtenido por su muerte y resurrección: ser liberados del temor a la muerte, de la sujeción al pecado y del poder de Satanás. El poder de su Espíritu nos mantiene firmes ante los ataques del enemigo, nos eleva por encima de nuestros deseos mundanos y vence nuestras debilidades. Sabemos bien que la salvación culminará con nuestra entrada en el Reino donde seremos felices para siempre junto con la Santísima Trinidad. Pero en el tiempo presente, la salvación es una experiencia de crecimiento, un constante cambiar de actitudes, de ideas, metas y deseos, es ser conscientes de las realidades invisibles, es una vida de fe en sus promesas, de esperanza en su gracia y de amor a tantos como Cristo nos entregue como hermanos.

Escucha pues, Cristina, esa Palabra del Señor que te libera de ti misma para el camino que te dispones a emprender.

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El que quiera venirse conmigo. Lo quieres. Lo has pensado y rezado. Lo has entendido. Y sin embargo eso es tan solo lo suficiente y necesario para dar el primer paso. Pero, ya de momento, irte con Cristo ha provocado algo bello. Estamos aquí: familia, amigos, grupo jóvenes, compañeros, parroquia… precisamente cuando estás a punto de dejar tu modo ordinario de vida y tus relaciones humanas que ya no serán como hasta ahora. Irte con Cristo será entrar en una nueva escuela con tan gran Maestro. Aunque sientas la añoranza de lo que dejas atrás, tu oración, la presencia y el diálogo con Él, que será más exclusivo e intenso, te lo aclarará todo.

Que se niegue a sí mismo. Ya no va a ser tan solo una disposición de ánimo sino que va a reorientar todos tus pasos. Esa negación, de lo que puede ser natural y bueno, es para favorecer todo lo que conlleva la búsqueda del rostro del Señor y gozar de su dulzura. Aprender ese camino de negación para liberar el amor está en los cimientos de la santidad cristiana.

Que cargue con su cruz. Nuestra cruz, la tuya y mía, cuando es ofrecida se transforma siempre en una prueba de amor. Pero aquí no se trata tanto de abrazar el amor crucificado que nos lo ha obtenido todo cuando no merecíamos nada. Aquí es más bien cargar, sentir el peso de tu propia pobreza pecadora que se resiste al abandono, que no se fía del todo y se rebela. Cuando veas en tu cruz al Crucificado ya nada será un obstáculo.   

Y me siga. Pues te dispones a ello. Rumbo al postulantado, al noviciado y a lo que Dios quiera. Siguiéndole siempre: tanto ahora cuando parece que te llama a una específica consagración en la vida religiosa o siguiéndole también si, de pronto, has de cambiar el rumbo. Quien se plantea la vocación nunca se equivoca; cuando no es lo que pensábamos le seguimos. 

Sea como sea, a nosotros nos corresponde elevar una oración para que ya desde el primer día, con las hermanas de la Compañía del Salvador y bajo la inspiración fundacional de la Madre Félix, te digas a ti misma: “soy del Señor”. Que el Señor derrame su Espíritu sobre ti como consuelo, estímulo y purificación constante; y bendiga a tu familia que después de entregarte la Fe ahora te asiste, generosa, en tu camino vocacional. Llévate esta Palabra de Dios: “No temas, mi cariño, mi elegida…”.  

Mn. Pere Montagut, párroco. 

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