LA PALABRA
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LA PALABRA

La Palabra proclamada nos recuerda hoy la dimensión profética de nuestra vida cristiana y de la vida de la Iglesia. Cuando el pueblo de Dios disperso, en medio de paganos y lejos del templo, no podía celebrar el culto, el sacerdote Ezequiel es investido de parte de Dios para predicar su Palabra a un pueblo que no quiere escucharla. A Ezequiel, cuyo nombre es “Dios es fuerte”, el Señor no le envia engañado, sino que le advierte claramente sobre la posibilidad de que los oyentes no sean precisamente un público favorable. Ezequiel necesitará toda la fortaleza divina para cumplir su difícil misión. Eso implica que él asimile primero todas las palabras que después Dios querrá decir a su pueblo. Si actuamos de este modo siempre tendremos algo nuevo que decir a los que no quieran escucharnos.image

¡Cuántas situaciones en nuestra vida se convierten en una interpelación directa a la fe! San Pablo vive una de ellas, quizá una enfermedad, desde la abnegación de sí mismo y desde la desconfianza en sus propias fuerzas. En el Evangelio, Jesús va a su tierra y aprovecha la ocasión para enseñar en "su" sinagoga. Los conocidos de Cristo lo rechazan de plano. También es algo que se da entre nosotros. Entre los que compartimos la parroquia y los grupos eclesiales. Podemos rechazar a los que no nos gustan o no piensan como nosotros. Podemos vencer, con la gracia de Dios, estas falsas satisfacciones y cuidar así mejor la comunión instaurada por Cristo.

 Mn. Pere Montagut, párroco.

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