Celebrando la intercesión de los apóstoles San Pedro y San Pablo
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Celebrando la intercesión de los apóstoles San Pedro y San Pablo

Celebrando la intercesión de los apóstoles San Pedro y San Pablo en favor de toda la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, nos unimos a la iglesia de Roma y al Papa, sucesor de San Pedro, elevando una acción de gracias por el don de la santa madre Iglesia y de lo que en ella y por ella recibimos de parte de Dios. No podemos hablar de las cosas que amamos sin hablar de la Iglesia. Estamos acostumbrados a que se hable de ella a veces con indiferencia o desprecio incluso entre los creyentes. Pero la liturgia que celebramos nos ayuda a captar lo que la Iglesia cuando crece edificada sobre el cimiento de los santos apóstoles y como belleza del cuerpo de Cristo en medio del mundo.

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Ella es la esposa de Cristo. Ella salió del costado de Cristo. ¿Como no amar aquello por lo que Jesús dio su vida? ¿Como amar a Cristo, sin querer aquellas cosas por las que Él murió? ¿Como no amar la Iglesia cuando somos atraídos por aquellos apóstoles y santos que dieron testimonio de la verdad de la fe? La Iglesia, siempre santa y en sus miembros pecadora, sigue y seguirá siendo la esposa de Cristo.

Ella y sólo ella nos ha dado a Cristo y todo lo que sabemos de Él. Mediante tantas generaciones de hijos de la Iglesia, sencillos y constantes, hemos tenido viva la presencia de Jesús y de su Palabra. Aunque tengamos la tentación de echar a perder la fe que transmitimos.. todo lo que sabemos de Cristo lo hemos recibido a través de la Iglesia.

Es cierto que cuando decimos "creo la Iglesia" lo que estamos diciendo es que creemos en Cristo, que sigue vivo y presente en ella. ¿Como podríamos beber el vino si no tuviéramos el vaso que lo contiene? El canal no es el agua, pero ¡que importante es el canal que la transporta!

La Iglesia nos transmite todos los regalos de Cristo. El centro final de nuestro amor es Cristo. San Ireneo decía "la Iglesia es la cámara del tesoro donde los apóstoles han depositado la verdad, que es Cristo". San Cipriano decía que la Iglesia es "la sala donde el Padre de familia celebra el matrimonio de su hijo". ¿Como podríamos dejar de amar a quien nos transmite todos los regalos de Cristo? Es decir: La Eucaristía, el perdón de los pecados, su Palabra, la comunidad de hermanos, la luz de la esperanza en la vida eterna.

Los santos apóstoles Pedro y Pablo, con su martirio, son la Iglesia, son lo que justifica su existencia, son ellos los que no nos dejan perder la confianza en ella, en la Iglesia visible y en su dimensión más divina que a menudo no vemos. El mensaje evangélico nos ha sido proclamado en la Iglesia y nuestra santidad crece en la Iglesia, y el camino que es Cristo lo encontramos en la Iglesia. Por eso no podemos sentir, pensar o amar como hijos de Dios fuera de la Iglesia. Y además tenemos un servicio muy particular: "rezar por la Iglesia". Rogamos como un solo cuerpo en la Iglesia pero también lo tenemos que hacer por la Iglesia. Orar por la Iglesia nos hace más conscientes de la gracia que se nos ha dado en beneficio de muchos: que la Iglesia sea lo que debe ser, lo que Cristo, su Señor quiere de ella con la misión de salvar al mundo que le ha confiado.

Así pues, en esta solemnidad de hoy, el Señor nos ayude a avanzar por este camino, profundizar nuestra pertenencia a la Iglesia y nuestro sentir con la Iglesia.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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