CON LA PRESENCIA VIVA DE DIOS
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CON LA PRESENCIA VIVA DE DIOS

Con la presencia viva de Dios en medio de nosotros, con el Espíritu Santo animando nuestras almas y edificando la Iglesia, celebramos hoy el misterio que es Dios mismo en su Trinidad. El Padre como origen de todo; el Hijo que, como Palabra hecha carne, es la expresión del Padre, y el Espíritu Santo como perfume de comunión entre el Padre y el Hijo y comunión abierta con Dios Padre por medio del Hijo. Si estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, también nosotros somos un misterio de relación, de comunión, un misterio de amor. Nuestra vida cristiana es un reflejo de la vida divina que nos habita y va creciendo en nuestro interior.

Ante el amor de Dios Trinidad lo primero que se nos ocurre es cantar con alegría. Nos volvemos litúrgicos y repetimos lo que han dicho tantos santos durante siglos: “A ti gloria y alabanza por los siglos”. No nos corresponde ahora hacer un esfuerzo para entender a Dios sino recibir su Palabra: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna (Jn 3, 16-18). Del mismo modo que el amor entre un hombre y una mujer puede engendrar vida. El amor de Dios (entre el Padre y el Hijo) es tan fuerte que constituye una Persona: Dios Espíritu Santo. La Iglesia nos lleva de la mano para que nos sorprendamos ante el admirable misterio de la vida interior de Dios. Tres personas en la más estrecha unidad. Tres personas que se relacionan en una comunión de Amor. Una Trinidad de Personas que se dan y se reciben perfectamente durante toda la eternidad.

Ante esta revelación de Dios caemos de rodillas y, con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestra voz, le reconocemos, alabamos y bendecimos. Este misterio de comunión nos ha buscado, se nos ha dado, nos ha hablado y, aunque a menudo lo hemos rechazado, ha persistido como oferta eterna de salvación. Pues así nos pasa a nosotros: a imagen de Dios, encontraremos la plenitud entregándonos y no afirmándonos a nosotros mismos. Así es la vida de Dios Trinidad y la nuestra.

Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestradice Dios creador en el libro del Génesis. Por eso en todo amor siempre hay tres sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Así es Dios que es amor: uno y trino. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace bella, libre y gratificante una relación es el amor divino. Aprendemos a amar contemplando la fuente del amor que es Dios. Si Dios fuese un poder absoluto pero sin amor, entonces podría ser una sola persona, porque el poder puede ejercerlo uno solo. Pero porque Dios es amor, entonces es tres Personas. El poder de Dios siempre manifiesta su amor. El amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, poseerle, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse. Dios nos ha revelado su ser amor para que seamos como El. Nosotros tenemos relaciones de amor -entre un padre y un hijo, entre la esposa y el esposo, entre hermanos- pero podemos existir fuera de estas relaciones y hasta sin ellas. En cambio, las personas divinas no tienenrelaciones, sino que son relaciones. Y después de todo esto todavía muchos andan empeñados en caminar solos, en creer solo en lo que piensan y en vivir incomunicados. A ellos, a los buscadores de Dios y a los que ya le amamos, se nos ha revelado la inmensidad y cercanía del rostro de Dios.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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