EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO
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EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO

En el Nombre de Jesucristo, crucificado y resucitado; en Nombre del único que puede salvarnos, la humanidad enferma por el pecado y la muerte es sanada definitivamente. Él es la piedra angular de la nueva humanidad gloriosa que vive en Dios. Esta es la proclamación que Pedro, lleno de Espíritu Santo, realiza ante los que no salen de su asombro ante los milagros de los apóstoles. Cristo se nos da a conocer como el Buen Pastor que nos ama a cada uno personalmente y, como consecuencia, también nosotros podemos amarlo personalmente. No vivimos de un amor históricamente lejano o de un aprecio a unas enseñanzas. Estamos aquí porque le conocemos y nos conoce en un único amor. Como asamblea santa que celebra su Misterio aceptamos al único Buen Pastor, venimos a la iglesia a escuchar su voz para poderla distinguir de otras voces, para que nuestro yo, cerrado e idólatra, no tape la voz divina y para que las potentes seducciones del mundo no eclipsen la voluntad de Dios.

Cuando Jesús pastorea nuestra vida todo cambia. Nuestras prioridades, el sentido de nuestras decisiones, el trato hacia los demás, la capacidad de perdonar o la misma fidelidad a la vocación recibida. El Señor no nos guía como a regañadientes ni le seguimos por fuerza. Podemos decir que él lo sostiene todo, que él lo ha hecho todo, que todo es un milagro de su providencia por nosotros. Pero Cristo no se conforma solamente con quienes ya le conocemos y amamos. Piensa continuamente en aquellos que un día han de llegar a apreciarle y amarle, para formar, junto con nosotros, un único rebaño bajo la guía del único Pastor.

Ayudar a otros a llegar a Dios, ¡que prueba de amor y que responsabilidad! Ayudar ni que sea tan solo a uno, ayudar a reconocer aquella voz única que viene a seducir nuestro espíritu y a devolverle la integridad que nosotros mismos maltratamos tantas veces. Jesús nos ha elegido para proseguir su obra en el mundo y para dar la mano a tantos que no saben como seguirle. Será un abuelo que ante su nieto despistado en las cosas de Dios le estimula a creer, o será la amistad que moverá a reencontrar un amigo que, tras tocar fondo y perderse en algún infierno humano, acepta un camino de salida de la mano del amor de Dios. No olvidemos nunca que el Señor quiere hacer oír su voz a través de voces humanas y al modo humano. No es algo de especialistas o formados para ello.

Pero también es verdad que a esta tarea se le puede dedicar la vida entera. Sólo hace falta que Cristo llame a algunos a ser imágenes e instrumentos de su palabra y a actuar en su misma persona. Pidamos al Espíritu Santo sacerdotes a imagen del Buen Pastor. Es el "sí" de una vida dedicada, en exclusiva y con pasión, a que muchos mantengan su "sí", diario y fiel, al Señor. Cuando Jesús pone su mirada en los que no están aquí, no son las palabras de alguien ‘enfadado’; tampoco culpa a aquellas ovejas que aún no le siguen. No reprocha a las ovejas que van por el mundo con buena voluntad y con ganas de hacer el bien. Ni recrimina a las ovejas que no le siguen por pereza y por no complicarse la vida. Pero sí nos dice a nosotros que también esas son sus ovejas y que un día oirán su voz y entrarán en su redil. Procurar que llegue ese día, luminoso y santo, es nuestra tarea. Es el día en el que Jesús estará cerca con su Corazón abierto. Es el día de la Iglesia, por la que nadie ha de perderse.

Mn. Pere Montagut, párroco

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