EL SACRIFICIO DE ISAAC
CAT  ESP
EL SACRIFICIO DE ISAAC

El sacrificio de Isaac es modelo anticipado del sacrificio de Cristo en el Calvario. Vemos al padre entregando a su hijo; y al hijo entregándose voluntariamente al sacrificio obedeciendo el querer de su padre. Del mismo modo que Cristo fue al Gólgota llevando la cruz, Isaac sube al monte llevando la leña necesaria para el sacrificio. Todos los pueblos de la tierra serán bendecidos por la obediencia de Abrahán y la disposición de Isaac.

Todo el camino de Jesús hacia Jerusalén es una preparación para que los discípulos también den este “paso”; preparar en ellos una transformación que comporte saber afrontar lo inevitable. Por mucho que nos esforcemos también a nosotros no nos faltarán ocasiones de muerte y dolor, no nos faltarán cruces y pasiones. Pero precisamente Cristo ha recorrido el camino vital de cada uno para darnos luz, ha cruzado la oscuridad de la vida para iluminarla, ha asumido cada sufrimiento, todo pecado y cualquier mal para destruirlo y clavarlo de un modo definitivo en su Cruz gloriosa.

Cuando Dios desciende por medio de la nube rodeando aquellos tres apóstoles, Moisés y Elías desaparecen tímidamente ya satisfechos porque ha culminado su misión. Y la voz que se hace escuchar certifica la superación del camino antiguo y anuncia la meta: escuchad a mi Hijo, dice Dios. Por eso a la pregunta del apóstol: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” es el mismo san Pablo el que responde ¿cómo no nos lo dará todo con él?(Rom 8, 34). Cristo intercede por nosotros abrazándolo todo y defendiéndonos de todo lo que pueda ser un peligro para nuestro espíritu, para nuestra salvación. De la fe en Cristo, en su cruz y resurrección, nace la esperanza. Gran confianza, pues, para estos días cuaresmales en los que hemos de implantar el señorío de la gracia. Días para ejercer el dominio sobre el cuerpo y todo lo sensible, incorporar la mortificación saludable y los sacrificios espirituales para liberar tanto amor como Dios ha volcado en nuestros corazones. Y, sobre todo, caminar bien, esto es: que no sea causa de condenación lo que Dios, en su providencia, nos ha dado para nuestra salvación.

Que en este tiempo cuaresmal, el Señor nos lleve de su mano hacia   quienes sufren en el cuerpo y en el espíritu; hacia tantos que cargan con pruebas de carácter social, experiencias negativas en el trabajo o malentendidos de familia. Que El nos enseñe a alejarnos de la tibieza que nos acostumbra, de lo mediocre y superficial, de la tristeza de lo que no alcanzamos a comprender. Nos asista la fortaleza del Espíritu Santo para poder decir: Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!Aquí, celebrando el domingo. Aquí empezando la semana, nuestros días y trabajos, aquí deseando la claridad de tu Palabra, lámpara que no defrauda cuando es capaz de levantarnos de tantas palabras engañosas. Que bien estar aquí, en este templo y en esta parroquia, en esta comunidad que espera recibir con más fe tus dones pascuales. Y no sólo estamos bien aquí. Prepáranos, Señor, para estar bien contigo siempre y en todo lugar. En una cama de hospital; en el trabajo, en la mesa del hogar, en los combates secretos del espíritu, arriesgando lo más querido o dispuestos al perdón. En todas partes, estaremos bien, si vencemos con Cristo.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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