"ENSÉÑAME TUS CAMINOS"
CAT  ESP
"ENSÉÑAME TUS CAMINOS"

“Enséñame tus caminos” acabamos de pedir en el Salmo. La Cuaresma coloca hoy a toda la Iglesia en el camino de un nuevo Éxodo. Y recorremos este camino de la mano de Jesús, hoy, antes de comenzar su actividad pública. Si nos dejamos “empujar” por el Espíritu revivirá nuestra vocación de pueblo de la alianza y experimentaremos con gozo sus maravillas. Pero, tanto entonces como ahora, el estar cara a cara con el maligno, es una estación obligada en la que poder comprobar la consistencia de la fe y la salud de la vida nueva y eterna que el santo Bautismo insertó en nuestra existencia mortal.

La fe católica día a día es ridiculizada. Se difunde su caricatura, no su realidad. No se la admite en el ámbito de lo razonable y verdadero. Y junto a ello, las invitaciones a lanzarnos al poder por el poder, a disfrutar de la vida al máximo sin ir más allá del placer y del tener, a exacerbar las ideologías al precio de la ruptura social… Todo nos muestra que el carnaval y el disfraz es un estado permanente por el que no se escatima ningún gasto. Hace años que sufrimos el peso de la superficialidad y el escape de la banalidad haciendo que las relaciones y la comunicación humana sean cada vez más ligeras. Es una ola gigantesca que lo arrasa todo y ante la que nos sentimos muy impotentes. Satanás se presenta con tanta apariencia de bien que hasta podemos acogerlo en la mesa de casa sin problema. Y, de vez en cuando, en la Iglesia o fuera de ella, se nos derrumba una falsa ilusión: habíamos creído que se podía hacer el bien por el bien, ignorando que la vida humana lleva muy adentro la maldad, la corrupción, el aprovechamiento y tantas oscuridades capaces de lo peor. No serviría encerrarnos en una burbuja en la que nada nos afecte, es decir, la tentación de no tener ninguna.      

Pero será Cristo quien instaurará el combate que vence al pecado sin aniquilar al pecador. Nadie se verá ya privado de la posibilidad de salvarse. Aunque Cristo murió en un día, un lugar y época concreta, su sacrificio tendrá efectos para siempre y para todos los hombres. Las aguas del diluvio no eliminaron la raíz del pecado. En cambio, las aguas bautismales serán las únicas que sanarán esa raíz ya que Cristo, con su muerte, destruyó el pecado, dando lugar a un nuevo comienzo, como al principio de los tiempos, una nueva creación por el Espíritu.

Noé representa el principio de una nueva humanidad fiel, conforme al corazón de Dios. Pero Noé no garantiza la permanencia de la humanidad en la justicia. Sólo Dios puede consolidarla y sostenerla por medio de su gracia. Cuando Dios puso en marcha la creación se propuso, como meta, su salvación, que consiste en su divinización. Para responder a la invitación de incorporarnos a su vida divina debemos ajustar nuestra vida a los mandatos del Señor. La cuaresma viene a reforzar, por un lado, la humildad, poniendo todo el oído en la Palabra de Dios por la fe y, luego, prestando la obediencia que le debemos como condición necesaria. Pues Dios es misericordioso, pero no abdica de su justicia.

Es hora de morir al pecado, que nos causa la muerte; es tiempo de poda para beneficiarnos del caudal de vida que brota del Resucitado. No somos perdedores ni estamos siempre decepcionados. Recuperemos la conciencia pura y la mirada limpia para caminar bien. 

Mn. Pere Montagut Piquet, párroco.

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