CON ANSIEDAD Y SIN ESPERANZA.
CAT  ESP
CON ANSIEDAD Y SIN ESPERANZA.

Así se encuentran muchos y no sólo porque no les vayan bien las cosas de la vida sino incluso cuando todo parece responder a las lógicas expectativas humanas. Como nos advierte el santo Job este domingo somos simples jornaleros que viven esperando siempre su paga, trabajamos a menudo por un trabajo sin fruto y sin fecundidad. ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Así se desahoga el santo Job ante Dios y "en todo esto no pecó", como dice la Escritura. Dios es Padre y nos entiende siempre. Compartirlo todo con Él es la gran seguridad.

Es verdad que cualquier sufrimiento nos hace las horas eternas. A la madre embarazada que espera de un momento a otro la muerte de su hijo, al sacerdote enfermo que en plena vida sabe que no vivirá más allá de un año, a la joven que un día se le apagó la claridad de su mente para vivir con la poca luz que le puede dar ahora la medicación o al sin techo que le han robado lo que tenía en la mochila mientras dormía en un cajero rodeado de cartones... la vida humana es como un soplo y hay momentos en que parece que la felicidad no es para nosotros.

¿Qué hacer ante esto? ¿Oponernos? ¿Reclamar a Dios? Dios nos puede aliviar. Lo sabemos. Cristo puede curarnos incluso milagrosamente. Pero únicamente si Él quiere, y Él lo quiere sólo cuando nos conviene para nuestro bien definitivo, que es nuestra salvación eterna. Así que, pidiendo ser curados o aliviados de algún sufrimiento, procuramos siempre que, a semejanza de Jesús antes de su Pasión, el Evangelio entre de lleno en nuestra situación y el Espíritu Santo cure el corazón destrozado, vende sus heridas y nos aleje del mal más agresivo: sospechar que no estamos continuamente sostenidos por el amor que Dios nos tiene.

Entendido esto, ¿cuál es la paga? Pues anunciar el Evangelio, con lo que nos toque vivir. Así evangelizamos con credibilidad humana y con la esperanza de ganar a tantos como podamos para Cristo. Desear que, por encima de todo, se manifieste la gracia de Dios en medio de la debilidad. Unas veces, interpelaremos a los que están satisfechos, alertaremos a quienes viven atados y cegados por el pecado, o simplemente provocaremos a los que no quieren pensar. Llevaremos a todas partes la locura de la Cruz, la locura de la fe a pesar de todo y después de todo. ¡Ay de nosotros si no lo hacemos! Esta será nuestra predicación gratuita del Evangelio y ¡da lo mismo que no haya muchas satisfacciones humanas! Aquella mujer, suegra de Pedro, nos enseña a que nos ha de llevar la fe, el agradecimiento y el amor a Jesucristo. No se contenta con ser curada de la fiebre sino que se pone inmediatamente al servicio de Cristo. Por su parte, el Señor, desde la oración y la comunión con su Padre, entrará y se acercará siempre, nos tomará de la mano y nos curará, nos bendecirá y nos despertará la verdadera vida y esperanza.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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