EN EL CORAZÓN DE LA HUMANIDAD
CAT  ESP
EN EL CORAZÓN DE LA HUMANIDAD

En el corazón de la humanidad,Dios vive dedicado a cambiar nuestra vida a través de la historia personal de cada uno. ¿Quién de nosotros no ha deseado servir para algo en esta vida? Nuestro defecto es creer que no valemos gran cosa y que la historia está sólo en manos de los poderosos, los inteligentes, los que tienen posibilidades o éxito. En la Palabra de hoy vemos como Dios llama a Jonás para predicar en Nínive; y como Jesús también llama a Pedro, a Andrés, a Santiago y a Juan para ser pescadores de hombres. Mientras oímos esto podemos pensar: ¿para qué me llama a mí el Señor si valgo tan poco? ¿es que no tiene a otros mejores que yo? Y si no ignoramos la dificultad nos decimos: ¿cómo me habla el Señor?, ¿cómo me dice las cosas? Y llegamos a la conclusión de que Dios no nos dice nada. Que sólo nece­sita del Papa, de los obispos, de los que saben mucho y de los que son muy santos o capaces. Pero aunque nos cueste creerlo el Señor también nos llama y cuenta con nosotros.

     Nínive era una ciudad llena de maldad. Y ante ella Jonás hace caso a Dios y anuncia su palabra a los ninivitas. Jonás personifica la paciencia de Dios y la debilidad humana, expresa nuestros miedos y resistencias al cambio cuando decimos “sí” y hacemos “no”. Pero ocurre algo sorprendente: la debilidad de Jonás no puede con la paciencia y el amor de Dios. Jonás es ejemplo de superación y de la bendición que nos acompaña cuando seguimos la voluntad de Dios. Pues es Dios quien envía al profeta Jonás para predicarles que se conviertan. Jonás no cambió a la gente. Jonás fue sólo un instrumento en las manos de Dios. Así se lo dijo un cirujano a su paciente: “Yo pongo mis manos y mis conocimientos pero todo esto lo hace el de arriba”.El que puede cambiar los corazones y poner un nuevo rumbo en la vida de las personas, es Dios. Él hace los milagros. Pero también con nosotros, que no valemos gran cosa, hace cosas extraordinarias.

   Como sacerdote, de la mano del Señor, he visto muchos cambios. Nos pasa casi sin darnos cuenta: nos vamos metiendo en trabajos para los que creíamos que no estábamos preparados. El Evangelio cuenta cómo Jesús llamó a cuatro que no sabían más que pescar y los llamó para ser pescadores de hombres. Fueron instrumentos en las manos de Dios. Como nosotros, seguro que hacían muchas cosas bien y otras mal, pero el Señor se sirvió de ellos para levantar una obra maravillosa: la Iglesia de Dios. Pues, conociendo nuestras pobrezas, digámosle al Señor: "cuenta conmigo", para ese u otro asunto.

    Atención a la afirmación de san Pablo: “la representación de este mundo se termina”. Por tanto, vivamos con todo como si no tuviéramos nada. Cuanta falta nos hace asumir esta tensión: no poseer no significa menospreciar. Primero hay que orarlo para luego vivirlo con su gracia. La Palabra de Dios nos libera de los apegos que nos van encadenando a las cosas como fin último y felicidad verdadera. Definitivamente la vida eterna ha irrumpido en la peregrinación de este mundo. Hay algo que no es caduco, ni proviene del círculo cerrado de amigos o familiares. Es Cristo quien nos abre, nos cambia la mirada y pone en nuestras manos las únicas redes que no encierran a nadie.

Mn. Pere Montagut, párroco.

Recibe todas nuestras novedades en tu correo electrónico Suscríbete