LOS DOS DISCÍPULOS SIGUIERON A JESÚS
CAT  ESP
LOS DOS DISCÍPULOS SIGUIERON A JESÚS

Los dos discípulos siguieron a Jesús tras escuchar las palabras de Juan: “Este es el cordero de Dios”. Son las palabras que, antes de la comunión eucarística, y ahora pronunciadas por la Iglesia nos ayudan a centrar la mirada, a abrir el corazón, a dirigir cada uno de nuestros pasos y a poder exclamar en verdad: “hemos encontrado al Mesías, a Cristo”. Escucharle y seguirle es todo lo necesario. Esto es lo que hicieron los dos discípulos que acompañaban a Juan el Bautista y esto es lo que hizo Simón Pedro, aconsejado por su hermano Andrés. Jesús quiso siempre que sus discípulos le siguieran, no sólo que le oyeran.

     Hay que afinar el oído y saber escuchar. Cuantas veces recibimos el reproche: “no me escuchas”. Son nuestros egoísmos y nuestras pasiones las que nos confunden e impiden una escucha atenta. Y es precisamente escuchando cuando aprendemos a descubrir y a realizar nuestra verdadera vocación. Por eso, para poder responder, hay que decir: ¡habla Señor! Y hablará por medio de tantas personas, cosas y situaciones que influyen en nuestra vida. Si el sacerdote Elí no hubiera enseñado al niño Samuel a reconocer la voz de Dios no habría descubierto su vocación de profeta. Pero hoy llama poderosamente la atención de que manera nos dejamos guiar por cualquier cosa. Una muestra de ello es cuando una chica que cuenta por las redes sociales sus tareas más ordinarias y cotidianas puede tener cerca de dos millones de seguidores… “Le preguntaron: Maestro, ¿dónde vives? Jesús les dijo: Venid y lo veréis”.Sin técnicas tan poderosas Cristo sigue provocando y atrayendo a muchos. Pero, ¿qué es lo que ven o tendrían que ver una vez siguen a Cristo y se quedan con Él, es decir, con su Iglesia?

     Quizá no vean ninguna perfección. Quizá reciban el impacto de nuestras incoherencias. Puede ser que destaquen nuestros pecados y se oculten tantas virtudes. Puede ser que andemos distraídos identificándonos con tantas ideas para acabar viviendo hambrientos olvidando lo que realmente alimenta la fe. Pero lo que más importa es poder encontrar un pueblo que no ha cerrado los labios, que proclame la salvación, que desea traer a la vida el cántico nuevo de la Pascua.  “Venid y lo veréis”, veréis una asamblea que dice a una sola voz: “aquí estoy para hacer tu voluntad”. Dicho esto con fe tendremos innumerables oportunidades para darnos cuenta de la gracia y de la verdad que se nos han dado para enderezar nuestra vida por medio de Cristo.

     Hemos sido llamados a una vida de libertad, libres de la esclavitud del pecado, libres para servir a nuestro Señor y libres para escoger todo lo que nos convenga y beneficie nuestra vida en Cristo. Esforzándonos por glorificar a Dios con nuestros cuerpos ya que no nos pertenecen porque junto con nuestra alma y todo nuestro ser hemos sido comprados al precio de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Unámonos a la Iglesia como una sola esposa, un solo cuerpo, un solo espíritu, un solo templo, glorificando al que nos ha llamado y nos ofrece el cobijo de su comunión eterna.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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