AQUELLOS MAGOS DE ORIENTE
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AQUELLOS MAGOS DE ORIENTE

Aquellos magos de Oriente fueron a Belén para rendir homenaje al Rey de los Judíos. Siguiendo una luz, buscaban la Luz. La estrella del cielo abre en sus mentes y en sus corazones un camino que les llevará a la gran Luz que es Cristo. En este recorrido está nuestro destino: encontrar la plenitud de la verdad y del amor en Jesús, Luz del mundo. San Mateo establece un contrapunto entre los "magos" y los "grandes sacerdotes y los Letrados de Israel" que, a pesar de disponer de las Escrituras que hablan del Mesías, no se dan cuenta de nada ni están al corriente del nacimiento del Rey de los judíos. En cambio, fuera de Israel, donde sólo contaban con el lenguaje "sospechoso" de las estrellas, unos extranjeros lo desean conocer y responden con generosidad. Avancemos, pues, de la mano de Dios: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”.

     Por boca del profeta Isaías, Jerusalén está llamada a ser la ciudad de la luz, reflejando en el mundo la luz de Dios y ayudando a los hombres a seguir sus caminos. Ésta es la vocación y la misión del Pueblo de Dios en el mundo. Pero el Evangelio nos dice que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, por un momento perdieron de vista la estrella. No la vieron más. En esa oscuridad, Herodes será la imagen de la comodidad engañosa: sin búsqueda, ni sacrificio ni arrepentimiento. Dice a los Magos: id y averiguad todo lo referente a ese Niño y luego también yo iré a adorarlo. Es la iniciativa de Dios y no la nuestra la que nos pone en camino para encontrarlo. Que  Dios se muestre a los sencillos de corazón, quiere decir que aprecia el esfuerzo de aquellos que mediante la oración o el arrepentimiento lo buscan con sincera intención. En cambio, que fácil es no hacer ningún esfuerzo, vivir de cualquier manera y luego quejarnos de que no hallamos a Dios… Herodes no busca y no encuentra, y al ser sorprendido en sus malas intenciones hacia el Niño, estalla en un arranque sanguinario de coraje y mata. Dirá un autor antiguo: “Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón”. Tenía miedo y, por este miedo, enloquece.

     Busquemos al Señor de todo corazón y con todos los medios a nuestro alcance sin escatimar ningún sacrificio hasta descubrirle en tantos momentos de la vida. La luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”. Es la virtud de sagacidad espiritual que permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos usaron esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio de Herodes, sino marchar por otro camino. Los magos nos enseñan a custodiar la fe. A veces, precisamente por tener tan cerca las iglesias, las misas, los sacramentos, todo tan accesible, no acudimos a ellos ni los frecuentamos como sería de desear. Mientras tanto, los cristianos en tierras de persecución hacen esfuerzos enormes, se exponen a perder su trabajo, la fama social o ponen en riesgo su vida asistiendo a misa y recibiendo los sacramentos. Con una fe así nuestra esperanza nunca quedará defraudada. Será la Madre de Dios, estrella de la mañana, la que con su maternidad nos conducirá y amparará cada día hasta la Jerusalén del cielo.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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