ESTA ES LA GRACIA DEL DIA DE NAVIDAD
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ESTA ES LA GRACIA DEL DIA DE NAVIDAD

Esta es la gracia del día de Navidad: Jesús nos revela que somos hijos de Dios en Él, que es el Hijo único de Dios. Por la fe y el bautismo somos hijos adoptivos de Dios. San Agustín lo expresa de esta manera: "¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios". Y ¿cómo llegamos a ser hijos de Dios? Eso se hizo posible cuando la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros. Fue cuando Jesucristo, el Mesías, nació en Belén de Judá, y después nos reveló el misterio de Dios: "El Hijo Único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer".

     Para que pudiéramos ser en hijos en plenitud, Dios se hizo como nosotros para santificar nuestra naturaleza, para levantarla, para elevarla, para dignificarla y para que nosotros pudiéramos llegar a ser en plenitud lo que Dios quiere, es decir, hijos e hijas suyos. Pero no podemos olvidar que el mundo todavía no ha recibido a Jesucristo enteramente. Esto quiere decir que la inmensa mayoría de la humanidad no conoce nada o muy poco de Jesucristo, o si lo ha conocido no quiere saber de él, no interesa un Dios hecho carne. Esta noticia les parece una monstruosidad, terrible, algo increíble, que Dios tome carne humana… imposible e indigno de Dios.

    Es un misterio grande y hemos creído en él. Nunca comprenderemos la Encarnación. Pero hemos creído esta verdad por pura gracia de Dios, sin ningún mérito nuestro. Los hombres han buscado mil excusas hasta hoy para no aceptarla en nosotros y entre nosotros. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron. La luz brilló en las tinieblas pero las tinieblas no lo aceptaron. En este gran día de Navidad, por una parte nos alegramos de la extraordinaria noticia de que Dios mismo ha nacido entre nosotros, de que Dios está tan cerca y es tan íntimo hasta identificarse con nosotros, tener compasión de nosotros y vivir entre nosotros amándonos profundamente puesto que por nosotros entregó a su Hijo. A la vez que nos alegramos con esta Buena Noticia, no dejamos de tener cierta tristeza en el corazón por tantos seres humanos que nada saben del misterio que nos ha sido revelado. Muchos no saben nada sin culpa de ellos; pero hay muchos, que no quieren saber nada de él porque no les conviene.

     El Dios encarnado crea incomodidad: se revela y nos dice cómo es; ya no podemos inventarlo, nos ha dicho cómo es y quién es. Y nos concede compartir su vida divina puesto que hoy se ha dignado compartir nuestra condición humana. Nunca acabaríamos de hablar de él: él es la luz, es la verdad; es el Pan, la Fuente de agua viva que sacia nuestra hambre y nuestra sed. Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Jesús, el principio y el fin, el alfa y la omega. ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo…; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios…, el Hijo de María… Jesucristo! Este es el anuncio que hacemos para la eternidad, la voz que hacemos resonar por toda la tierra y por los siglos.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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