VOTAR EL FUTURO DE CATALUÑA
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VOTAR EL FUTURO DE CATALUÑA
El próximo día 21 estamos llamados a votar en las elecciones a nuestro Parlamento. Votar es un derecho que ejercer y un deber que cumplir de modo responsable. Con el paso de los años en democracia y bajo el Estatuto de autonomía hemos comprobado que es algo decisivo encomendar el buen gobierno del país a legisladores y gobernantes que sepan organizar y promover el bien común, es decir, unas condiciones políticas, sociales y económicas que hagan posible el desarrollo de la vida de las personas de manera acorde con la dignidad de cada una de ellas. No es algo accidental porque de nuestros gobernantes depende la estabilidad económica, la paz social y las leyes que fomenten un orden justo y un crecimiento humano y religioso de acuerdo con nuestra tradición cultural. No siempre lo han respetado. Como ciudadanos, con nuestro voto, contribuimos de manera decisiva a la consecución de estos objetivos. Ciertamente que nos han podido desanimar las malversaciones y escándalos de todo tipo a los que los políticos de nuestro pueblo nos han sorprendido en los últimos años. Jamás hubiéramos pensado que en pleno desarrollo democrático desde las personalidades más relevantes de nuestra autonomía hasta otras más anónimas se sirvieran de sus cargos para extorsionar y procurar su propio enriquecimiento. Un desánimo agravado recientemente por la confusión territorial que ha dividido nuestra convivencia y empobrecido nuestro progreso. Se ha violentado la confianza política y tardará en recomponerse. Votar es un derecho que hemos de ejercer con lucidez y ponderando todas las consecuencias en el seno de un Estado de derecho amparado por la Constitución y la Comunidad Europea. Hoy más que nunca hemos de esforzarnos por conocer la verdad de las personas y de sus propuestas identificando cualquier mentira y evitando caídas al vacío. Votar es un deber. Aunque ninguna de las ofertas políticas sea tampoco plenamente conforme con el ideal evangélico, sin embargo, unas lo son más y otras lo son menos. Hagamos un esfuerzo y optemos por el bien posible que ahora precisamos para no promover mayores males en el futuro. Finalmente, votar es un ejercicio de la caridad y de solidaridad. No olvidemos que en última instancia nuestra contribución como católicos la ejercemos en virtud de la caridad, es decir, del amor que viene de Dios y nos impele a buscar el bien de todos y cada uno de nuestros prójimos, aun a costa de algunos posibles sacrificios personales (Catecismo de la Iglesia Católica, números 2239 y 2240).
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