NOS CUESTA ENTENDER
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NOS CUESTA ENTENDER

Nos cuesta entender que nuestras vidas sean parte de algo más grande, de algo aún más hermoso. Pues el Adviento que empezamos nos facilitará esta comprensión. Jesús nos ha dicho: Velad, estad preparados. No sabéis cuándo llegará el momento.Y es que ¡todo empieza y termina en Dios! Esta es la certeza de Isaías: Dios es nuestro Padrey, desde su propósito, nos ha pensado y nos ha hecho. Como un artista elabora su obra: nosotros somos el barro y tú, Señor, el alfarero; todos somos obra de tus manos. Por eso, como obra de arte personal de Dios, estamos en la espera, nos preparamos para la venida de Cristo, dejándonos moldear de acuerdo con su voluntad y sus designios. Dios mismos nos hará perseverar hasta el final, como nos dice San Pablo: El nos hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento.

Por su parte, el Señor nos amonesta continuamente en relación a algo importante: estamos demasiado preocupados por hacer todo lo posible en esta vida y en este tiempo. Creemos que esta vida lo es todo y, en el fondo, tenemos tensiones con Dios porque no lo comprendemos. Conocemos y amamos a Cristo, sacamos nuestras propias conclusiones de ello pero todas nuestras esperanzas y expectativas sobre Dios quedan aquí. Por eso cuando la normalidad de nuestros días se altera reprochamos a Dios con lo que no nos gusta. Pero, en realidad, el Señor está trabajando, no para este tiempo, sino para la eternidad; no para la tierra, sino para el cielo. Todo lo que el Señor hace con nosotros ahora está relacionado con lo que está por venir. Pensémoslo bien estos días. La verdad suprema que la Iglesia nos hace reconocer durante el Adviento es que nada de lo que afecta a nuestra vida se cumplirá del todo en el tiempo presente. Nada tiene una finalidad únicamente para esta vida.

Si somos barro en manos del Señor no tengamos ninguna expectativa ni confianza en nosotros mismos: si lo que siento, veo, sufro o pido no proviene del Señor nada podrá fructificar en mi vida. El anhelo de la oración no es otro que poder estar en manos del Señor para su gloria y honra. Que el Adviento nos ayude a entender de que modo el divino Alfarero sabe lo que quiere y como lo quiere. Esperemos pacientemente su trato amoroso y sabio. Él nos ayudará a tener una perspectiva más divina en nuestras dudas y tropiezos. Inaugurando hoy este tiempo penitencial no huyamos de su reprensión y disciplina, pidámosle que nos haga madurar espiritualmente. Bien sabemos, por experiencia, que si permanecemos en sus manos tenemos vida, en cambio, lejos de ellas conocemos la muerte. Volvamos a sentir nostalgia de estar en manos de este Alfarero. Ten paciencia con tu barro Señor. ¡Ven a repararnos! Deseamos tu Aliento creador. Que tu Espíritu, tu fuego, tus dedos, nos presionen para moldear tu imagen en cada uno. Alfarero que trabajas dándonos una forma nueva, confiamos en lo que quieres hacer sorprendiéndonos de que lo quieras. Y aprendemos de Ti, de como ejerces este oficio, para ser también nosotros alfareros capaces de plasmar a Dios en el barro de nuestro mundo.  

Mn. Pere Montagut, párroco.

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