LOS PRIMEROS ADMINISTRADORES
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LOS PRIMEROS ADMINISTRADORES

Los primeros administradores del Evangelio fueron "fieles en las cosas pequeñas" y por ello el dueño les confió responsabilidades mayores y los asoció a su gozo. Nadie nos pide que seamos héroes. Se nos pide sólo que seamos fieles en lo que se nos confía. Dios nos ha dado tantas capacidades y la misma vida como un don, como un regalo, no para recuperarlo cuando El venga sino para trabajarlo ya ahora, entregarlo y ponerlo al servicio de los hermanos.

"El que pierda su vida la ganará; el que la guarde, la perderá".Perder es quedarnos con un solo talento. Desde luego, lo que no podemos hacer es enterrar a Jesús, como hizo el tercer administrador con su talento. Subraya el Evangelio que tiene miedo de su señor porque es exigente, severo y, al parecer, un tanto injusto porque quiere “segar y recoger donde no ha sembrado”. ¡El miedo! Esa es la fuerza diabólica que paraliza el mejor propósito. ¿Vamos a tener miedo del que nos lava los pies? ¿Vamos a tener miedo del que en cada eucaristía se nos entrega, como alimento, para que caminemos con firmeza y dando sentido eterno a todas las vicisitudes de nuestra vida? La coartada del diablo es el miedo, la precaución, la pereza; nos hace pensar que todo es una prueba y que el talento es un cáliz envenenado que no hay que ni probar y que Dios es un examinador severo y que lo mejor es jugar seguro y no arriesgar. El último empleado se equivocó. El dueño quería algo más que lo suyo, quería su imaginación, el riesgo, quería que jugara el juego de la vida entregada donde ganar-perder ya no importa, lo que importa es participar en los combates de este mundo para salvarlo.

"Eres un empleado negligente y holgazán". Seguro que el Señor espera más de nosotros y seguro que le hemos decepcionado muchas veces. Nosotros mismos, cuando miramos nuestro pasado, nos sentimos pobres y culpables de no haber arriesgado más, hecho más, vivido más para los otros y para Dios. Pero no somos de la noche ni de las tinieblas. Lo más verdadero es lo que puedo hacer HOY en mi y para los demás con la ayuda de la gracia de Dios. Somos libres para enterrar o usar nuestros talentos, pero la responsabilidad de cómo los hemos usado es también nuestra. No hay verdadera libertad sin responsabilidad.

Finalmente, el último capítulo del libro de los Proverbios, nos propone la imagen de la mujer judía como si se tratara de la “sabiduría”. Y este elogio de la mujer es toda una invitación a que demos importancia a lo que no queremos darle, cuando nos excusamos descalificando "eso es cosa de mujeres". Las cosas que merecen la pena, y especialmente las cosas de Dios, deben tener en nosotros la gran oportunidad que “la mujer” da a los suyos... como esposa, como madre, hija, hermana. Se nos propone, pues, desde dónde debemos afrontar las cosas más definitivas: desde la mujer, esto es, más abiertos al fin último de la vida, a lo espiritual, al amor a los pobres. No seamos holgazanes. “Negociad mientras vuelvo”.Atentos a las cosas que llenan el corazón y a las que lo dejan vacío y helado para que las rechacemos. Estemos vigilantes y despejados. 

Mn. Pere Montagut, párroco.

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