¿QUÉ SERÍA NUESTRA VIDA SIN DIOS?
CAT  ESP
¿QUÉ SERÍA NUESTRA VIDA SIN DIOS?

¿Qué sería nuestra vida sin Dios? ¿Cómo podríamos sobrevivir afrontando nuestros días si no fuera porque Dios nos sostiene? A veces nos da la impresión de que ya no podemos más y, sin embargo, siempre Dios da nuevas fuerzas donde parecía que ya no teníamos ninguna. Es lo que liberamos al celebrar el Domingo: venimos aquí con todo lo vivido para que nada escape a la realeza de Cristo y todo subsista en la fortaleza de su amor. El salmo lo expresa de esta forma: Yo te amo, Señor; tú eres mi  fortaleza, mi escudo, refugio, peña, roca, alcázar...En el combate de la vida estamos contra nosotros mismos -contra la propia malicia y debilidad del hombre carnal-, contra la mundanidad y contra el demonio. Es un combate continuo, incesante, agotador, en el que hay desfallecimientos que, en determinados momentos, pueden causar enormes daños en la persona que los sufre y también en los que permanecen a su lado.

     Estamos ya cerca del espectáculo anual del otoño por el que vemos como caen las hojas, más el árbol no muere. Soportará con firmeza el invierno, sabiendo de manera natural, que la primavera volverá y traerá hojas, flores y frutos nuevos. Es por ello que no desistimos ante las dificultades que tenemos a la hora de amar. Siempre hay una enseñanza valiosa para el bien de quienes amamos a Dios. Nuestro Padre celestial está presente en cada una de las estaciones de nuestra vida. Aunque caigan las hojas Dios Padre sustenta las raíces, nutriéndolas con su Palabra y su Santo Espíritu, haciéndolas más fuertes, permitiéndonos crecer cada día más hacia la estatura de la plenitud de Cristo en quien vivimos.

     No saldremos victoriosos de la batalla continua del amor a Dios y al prójimo sin Cristo Salvador, sin el cual nada podemos. Él nos  comunica su fuerza, primero a modo humano, por la virtud de la fortaleza, y más tarde al modo divino, por el don de fortaleza. Fe y fortaleza van juntas. El cristiano no solo resiste sino que es fuerte.  ¿Con qué tipo de fortaleza? Pues con la fuerza de la mansedumbre, la fuerza del amor. Muchos de vosotros habéis pasado o estáis pasando por un momento de especial prueba: atendiendo a un familiar enfermo, cargando con las dificultades de relación con los hijos, con dificultades económicas o laborales, con una salud que ya no responde como antes... notamos que las fuerzas decaen. Pero la fortaleza real no proviene de ninguna intención humana, porque si de intenciones hablásemos la mayoría de nosotros nos hubiéramos rendido ya ante la desproporción del intento de amar a Dios o ante la mortificación que supone amar a un hermano.

     Dice santa Teresa: "Dadme muerte o vida, dadme salud o enfermedad, honra o deshonra, guerra o paz, flaqueza o fuerza, que a todo diré que sí. ¿Qué queréis hacer de mí?". El Señor nos manda hoy un único amor con dos pulmones: "ámame" y "ámalo". Obedeciéndole tendremos siempre la fuerza para hacerlo.

Mn. Pere Montagut, párroco.

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