RETIROS DE EMAÚS Y EFFETÁ: UN SIGNO FUERTE DE RENOVACIÓN ECLESIAL EN BARCELONA.
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RETIROS DE EMAÚS Y EFFETÁ: UN SIGNO FUERTE DE RENOVACIÓN ECLESIAL EN BARCELONA.

Homilia de nuestro Párroco, Mn. Pere Montagut, con motivo de la misa y adoración eucarística conjunta celebrada el 12-1-2017.

Somos un pueblo santo pero necesitado de purificación continua. Por eso la santísima Eucaristía que celebramos es un reposo deseado. Qué suerte y qué responsabilidad entrar en el reposo que Dios mismo nos ofrece. Aquí podemos descansar del combate de la fe de la mano todopoderosa de Cristo vencedor, inmortal y glorioso; aquí traemos las heridas del pecado pero son ya unas llagas que no miramos con desesperación porque tienen remedio; aquí nuestro corazón, tantas veces extraviado, se endereza; aquí la culpa que agobia el alma encuentra el bálsamo definitivo de la Palabra del Señor: "Lo quiero, queda limpio"; y todos los caminos equivocados que hemos podido emprender, sorprendentemente, nos llevan al Corazón de Jesús que se sirve de nuestros errores y del mal que somos capaces de cometer para atraernos a su divina misericordia... a nosotros que ya nos creíamos perdidos para siempre. Esta es la razón de ser de los retiros de Emaús y de Effetá que son para la Iglesia, y especialmente aquí en Barcelona,​​un signo fuerte de renovación espiritual, de vitalidad eclesial y de esperanza que no engaña. El salmo 94, que acabamos de rezar y del que se sirve el autor sagrado de la carta a los Hebreos para fundamentar la adhesión a Cristo, vierte una intensa claridad que proviene del Espíritu Santo y que se ajusta mucho al motivo que nos ha convocado este atardecer.

Toda renovación espiritual depende de una memoria activa que no olvide ni las obras ni la voz de Dios. Podemos sintonizar "la generación" llamada por el salmista con la de nuestros tiempos y expresar el dolor que supone que muchos de nuestros conciudadanos, familiares o amigos desconozcan los caminos de Dios, o al menos, que los hayan mal interpretado, o que sencillamente los hayan abandonado debido a sentir antes una exigencia propia de esclavos que no la bienaventuranza dirigida a los hijos. Emaús y Effetá ya han abierto para muchos de ellos un camino cierto de perfección capaz de liberar sospechas, prejuicios, miedos o tentaciones. ¡Nada nos puede alejar de Dios vivo! Hay, eso sí, como el leproso del Evangelio, presentarse, arrodillarse y decirle "si quieres puedes...". Muchos de los que habéis sido caminantes primero y servidores después, habéis tocado de cerca esta gracia.

La Palabra de Dios nos muestra el disgusto y la ira de Dios, que nunca se echa atrás en su favor, y que por ello, compadecido, no se contradice finalmente en el sí de Jesús, en el "sí quiero", el sí permanente de comunión y libertad siempre disponible. Por ello el sello de autenticidad de los retiros es la vitalidad eclesial que seamos capaces de aportar al conjunto del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Vitalidad que pasa por un nuevo vigor apostólico, unas familias reconstruidas y sanadas, una vida social que responda al plan de Dios, un nuevo horizonte de perdón y de reconciliación, unas relaciones humanas "tocadas", si, porque Jesús "toca" con la su mano providente.

Fijémonos: con un solo leproso proclamando y haciendo conocer que ya es puro es puede hacer que la gente vaya a Jesús de todas partes. Por tanto, también con un solo caminante, un solo servidor puede hacer infinitamente y esta experiencia es la que vemos antes y después de cada retiro. Finalmente, estamos ante una esperanza que no engaña. Si el pecado endurece el corazón, la misión del Espíritu Santo está en devolver la sensibilidad de la fe a los corazones que son propiedad de quien los ha modelado, de quien los ha hecho. Para mantenernos firmes en las decisiones del principio (según la carta a los Hebreos) esto es, firmes en las promesas bautismales, necesitamos volver a una relación de corazón a corazón: postraos y adoradlo. Ante el Señor que nos ha creado, no podemos más que reconocer lo que somos: un pueblo de redimidos, de pobres, de pecadores perdonados, de apóstoles decididos a proclamar sus grandezas, no tenemos oro ni plata, somos el pueblo que Él pastorea y guía y esta es nuestra felicidad: ¡mostramos, damos y llevamos a nuestro Señor Jesucristo! Qué descanso vivir siempre y en todo lugar en esta acción de gracias. Pidamos ser fieles a todo y a tanto como hemos recibido y a lo que ya está en el Corazón de Jesús para que nosotros lo pongamos por obra, constructores como somos de su querer redentor.

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