La Fiesta Mayor a nuestra Patrona.
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La Fiesta Mayor a nuestra Patrona.
Aquí nos tienes Virgen Santa del Remei y te miramos como siempre con tu divino hijo recogido en tu regazo, rodeado por tus brazos, y tú nos miras como también hijos tuyos que somos cuando nos ponemos bajo tu protección. Te miramos y nos miras. En el día de tu fiesta queremos que no te falte la ternura de nuestro amor y la fortaleza de la fe que nos hace orar. No son más fuertes los que matan, odian o los que oprimen la libertad de los demás con su poder; al contrario, los fuertes son los que actúan con ternura, los sencillos, los que confían, los que son capaces de llorar ante la hermosura o el sufrimiento. Son fuertes los que no han perdido por el camino de la vida un corazón de carne.
 

Cuantas veces llegamos a nuestra parroquia, de buena mañana o por la tarde a solas a rezar y siempre nos dejamos mirar por ella; con su mirada nos acoge y nos da la alegría y el consuelo que solo la mirada de nuestra Madre del Cielo puede dar. Y le decimos hoy, en este Año Santo, las palabras de la gran oración mariana: “vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”. Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en el mundo Edith Stein, mártir carmelita en los campos de concentración, decía que: “Cuando dejo de rezar dejo de creer”. Rezar es creer. Si no dejamos nunca de rezar a la Virgen veremos como nuestra fe, débil y pobre, resistirá hasta el final, hasta el encuentro definitivo con el Señor. Así lo han vivido y esperado muchas generaciones de feligreses.

¡Que poder y atracción tiene nuestra Patrona! Cada año el que fuera pueblo y ahora barrio de Les Corts lo demuestra en su Fiesta Mayor pero también durante muchos días del año. Venimos aquí a rezar a nuestra Madre; incluso, a veces, lo he podido ver: aunque el templo esté cerrado, por las ventanas de la puerta algunos dejan una oración de acción de gracias o de petición, en definitiva de amor filial. En María hemos de mirarnos para ser fieles al Señor y dar testimonio de la fe tanto como podamos. La Virgen nos enseña a vivir cada día según lo que somos; una fe sencilla y sincera, que dice, porque no puede callar, lo que Dios ha hecho y hace cada día en favor nuestro.

La Virgen es fuente de inspiración para el camino de la Iglesia. En su corazón materno depositamos el camino de nuestra Iglesia diocesana y parroquial; en su corazón inmaculado ponemos también el camino personal de cada uno de los feligreses que formamos esta comunidad: gozos y sufrimientos de los que se abren al futuro o de los que no han encontrado todavía el sendero ni el sentido para seguir caminando; ponemos a los que viven su fe y aquellos que la han perdido; le encomendamos el camino de los que buscan con sinceridad y el de los que nunca han conocido al Señor. Qué descanso saber que en el corazón de la Madre caben todos, cabemos todos. Digamos todos: “Virgen del Remei, Madre nuestra, si nosotros nos apartamos de ti, no te aparates tú de nosotros”. Hagamos esta plegaria poniendo el nombre de nuestros hijos y nietos, del marido o de la mujer, de nuestros padres y hermanos, de los amigos y vecinos, de los compañeros de trabajo y hasta de nuestros propios enemigos. Que todos reciban el Remedio que necesitan.

Mn. Pere Montagut Piquet, párroco.

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