Desde la Parroquia de Santa María del Remei con nuestro Obispo Juan José y la Archidiócesis de Barcelona al encuentro de los jóvenes con el Papa Francisco.
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Desde la Parroquia de Santa María del Remei con nuestro Obispo Juan José y la Archidiócesis de Barcelona al encuentro de los jóvenes con el Papa Francisco.

Lo hemos preparado con ilusión. Y ahora tenemos entre manos esta nueva oportunidad de compartir la vocación cristiana, que Dios nos regaló en el santo Bautismo, con jóvenes de todo el mundo. Y el Papa, como sucesor del Apóstol Pedro, nos confortará en la fe.

Si estamos llamados, que esto es tener vocación, hemos de responder. Y la JMJ es un momento propicio para hacerlo. Con la fuerza de la fe, con la inspiración de la Palabra viva de Dios, con la celebración de la Eucaristía y de la Reconciliación que perdona nuestros pecados con el remedio de la misericordia divina, con el testimonio de los Santos, con tantos caminos por los que Dios quiere llegar y llega a nosotros... respondámosle sin dar lugar a la tristeza o a recuerdos que nos aparten de Él. Sabemos que corremos el riesgo de vivir muy deprisa y dejar pasar los días sin aprovecharlos de verdad. En Cracovia, en medio de la oración, el compartir como grupo el cansancio y la ilusión, y a través de la amistad con Cristo, que es lo que más nos une, puedes preguntarte qué va a ser de tu vida y como la quieres vivir.

Descubrir tu vocación cristiana es lo que te propongo estos días. Mirarla de frente, ser consciente de sus implicaciones y dejar que dirija tus pasos con más claridad y alegría. Dios, que te ha creado, ha pensado en ti para algo: descubrir cuál es tu misión en este mundo es mucho más que conseguir un necesario y útil puesto de trabajo o elegir unos prometedores estudios.

Descubrir tu vocación, aquella a la que Dios te llama, es encontrar el sentido de tu vida y responder. No hay respuestas hechas ni todas han de ser las mismas. Lo hemos visto ya en los que van por delante. Algunos habéis iniciando un noviazgo. Otros ya viven su vida conyugal y familiar, otros ya van madurando su vocación sacerdotal... pero esto no agota nada. ¿Y los misioneros? ¿y la vida religiosa? ¿y los consagrados laicos? Antes de pensar o desesperar en lo que queremos hacer con Cristo hay que comprobar si Cristo se ha hecho realmente con nuestra vida, es decir, si somos realmente de Cristo. El Señor siempre nos prepara para algo grande. Él mismo, que nos da las fuerzas, nunca defrauda. Si nos desanimamos quiere decir que Él está lejos y no acaba de llevar las riendas de nuestros pasos.

Es el poder de Dios, la fuerza de Dios -el Espíritu Santo- que actúa en nuestra vida y te lleva a hacer lo que no eres capaz de hacer. Lo he comprobado durante estos 25 años de ministerio sacerdotal y así lo sigo implorando de Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor. Estos días de la JMJ sentiremos en propia piel de que forma estamos metidos en la barca de la Iglesia, embarcados en la tarea encomendada por Jesús de construir el mundo según el Evangelio, según los designios del Corazón de Cristo que llevamos como bandera. Que ni las ideologías ni los miedos humanos impidan que dejemos de remar. Así Dios cumplirá sus propósitos a través de sus instrumentos que somos nosotros.

Termino proponiéndoos unas palabras del beato Papa Pablo VI, que tanto me ha impresionado siempre, dirigidas a los jóvenes del mundo hace muchos años al terminar el Concilio Vaticano II. “En el nombre de este Dios y de su Hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores. La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. La Iglesia posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes”.

Pues, venga, a confiar y a responder. Vuestro en Cristo.

Mn. Pere Montagut Piquet, párroco.

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