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La Veu de la Parròquia
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La Veu de la Parròquia

Época 2/Núm. 433. Domingo II de Cuaresma. 17 de marzo de 2019

 

Vivimos una época de utilitarismo impregnado de emotividades y activismos. El ayuno no parece encajar en ninguna parte. Se hacen propuestas de ayuno de gran creatividad, aunque carentes de raíces profundas en la Tradición Apostólica. Ayunar es conciencia de lo que realmente somos. El ayuno es de alimento, ya que alimentarse conlleva desprenderse voluntariamente de una de las necesidades innatas que tenemos como seres humanos. “Ayunar” de otras cosas puede ser penitencia, pero no será ayuno. Privarse por voluntad propia del alimento que necesitamos, llegando a sentir en nosotros mismos debilidad, carencia de fuerza, problemas para pensar claramente, ánimo para hacer lo que tenemos que hacer, nos hace ver que somos polvo y que al polvo volveremos. Cuando la postmodernidad nos dice que “todo es posible” por medio de la tecnología nuestra fe se contrapone a esta ideología con la certeza de que no podemos nada sin Dios. Ayunar es ofrenda a Dios. Los animales, plantas y seres inanimados no pueden tomar la libre decisión de ayunar. Aceptemos el reto de pedir a Dios la Gracia de ayunar. Ayunar de fuerzas humanas, para implorar la Justicia que conlleva el Verdadero Alimento: Cristo mismo. Ayunar no es un derecho, es un don que Dios nos ofrece.

 

HEMBRISMO PRIMITIVO. El 8 de marzo fue el día de reivindicación de la figura de la mujer. Los grupos feministas aprovechan esta circunstancia para hacer llegar sus reivindicaciones. Sin embargo, ¿tiene sentido que el feminismo quiera ofender a los católicos como parte de su estrategia reivindicativa? Pues precisamente hemos visto imágenes u oído slogans nada edificantes. En un caso se puede leer una pancarta en la que dos activistas sostienen el mensaje: “Virgen María, aborta a Cristo y hazte feminista”. No hay que ser muy listo para preguntarse por qué ciertos sectores del feminismo radical utilizan esta violencia contra los católicos. Lo que podemos suponer es porque la Iglesia defiende la vida y este feminismo, el aborto. La Iglesia defiende la dignidad femenina de la mujer y este feminismo odia el aspecto femenino de la mujer. La Iglesia defiende la familia natural y este feminismo considera que es lugar de opresión hacia la mujer. La Iglesia defiende el matrimonio natural y este feminismo considera que es lugar de opresión del patriarca el dominador y violento hacia la mujer qué es la víctima. La Iglesia defiende al hombre como padre y esposo insustituible en una relación amorosa y para el cuidado de sus hijos y este feminismo radical odia y persigue al hombre. En el fondo se quiere anular el papel del padre ya que detrás de toda esta ideología está el demonio que quiere destruir la Iglesia como el gran dragón que fue a destruir a la Mujer que iba a dar a luz, símbolo de la Iglesia y de la maternidad y perseguir a los seguidores de Cristo: los cristianos. Y sin olvidar la mano de la masonería y los ataques sufridos por varios templos en ese día.

 

SER MUJER. Que una niña no quiera jugar a la cocinita o a muñecas no hace que pierda su identidad. Que prefiera el pelo corto, los jeans y las camisas sueltas a la ropa entallada no la hace menos femenina. Sería un error pretender definir el ser mujer atendiendo sólo a consideraciones externas. El intento de captar lo esencial de la mujer requiere una mirada mucho más profunda. Cada célula del cuerpo de una mujer la identifica como tal. Por eso, la femineidad no es algo que se pierde —o se adquiere— tomando hormonas o con una operación. El ser humano es una unidad de cuerpo y alma, y ello nos obliga a ir más allá de lo físico —aunque sin prescindir de ello— en orden a buscar esta identidad. Es aquí donde aparecen rasgos y matices diversos, que uno puede encontrar en mayor o menor medida en distintas mujeres. Pero lo importante es aprender a valorar la diferencia. Que una mujer esté más en contacto con sus emociones no la hace menos fuerte. Que una mujer en ocasiones busque seguridad en su pareja no la hace menos independiente. Que una mujer tenga la necesidad de resolver sus problemas hablándolos no la hace menos profunda. Que una mujer valore más el proceso que el resultado no la hace menos efectiva. Las comparaciones ayudan a identificar lo propio, pues los contrastes permiten ver con más claridad las diferencias. Un mundo exclusivamente de varones sería frío, demasiado práctico, extremadamente lógico; y por eso, poco humano. La mujer le aporta calidez, empatía, intuición; la mujer humaniza el mundo. Gracias a la mujer el mundo está lleno de matices. Gracias a la mujer, el mundo no está sólo para ser comprendido y transformado sino también para ser sentido. Si acaso el varón descubre un mundo pensado por un gran diseñador, la mujer permite ver que ese mundo es también amado por su Creador.

 

PARA DISCERNIR LA VOCACIÓN Y ORIENTAR LA VIDA SEGÚN EL PAPA: “En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos. Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el «cansancio de la esperanza». Sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. No seáis sordos a la llamada del Señor. Si él os llama por este camino no recojáis los remos en la barca y confiad en él. No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. A los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino”. Mensaje Jornada Mundial de Oración por las vocaciones (12 de mayo).

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