Eucaristía
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Celebración de la Eucaristía

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En el Día del Señor y festivos de precepto; la vigilia (sábado) a las 19:00h; y el Domingo, a las 10:00h, a las 12:00h (en castellano) y a las 20:00h. También en los días laborables a las 9:00h y 20:00h; y en ocasiones significativas, como son los funerales, orando por nuestros difuntos. 

Tened en cuenta que durante los meses de verano se suprime la misa de las 9 de la mañana de los dias laborables y la de las 10 de la mañana los Domingos y festivos de precepto. Para saber los dias concretos de inicio del horario de verano, consultad al teléfono de la Parroquia.

 

Motivos para ir a Misa

1. Necesitas de la Eucaristía para vivir una vida realmente cristiana. Es una necesidad vital, de modo que sin la Eucaristía diaria si puede ser, y sobre todo, dominical no tenemos fuerzas espirituales para vivir como hijos de Dios.

2. Vivimos en una sociedad que, en muchos aspectos, no es cristiana. Por eso la Misa es la primera manera de defender, robustecer y manifestar nuestra fe.

3. La Santa Misa es necesaria también para "proteger" tu espíritu del materialismo sofocante que nos rodea: que tu espíritu pueda al menos una vez a la semana "respirar" un aire espiritual. Además, es el primer testimonio cristiano: los demás necesitan de tu ejemplo. ¿Qué testimonio de fe dan quienes dicen que creen pero que no demuestran con el propio vivir lo que creen?

4. Como miembro de la familia de Dios, debes mostrar culto a Dios de acuerdo con tu naturaleza, junto a tus hermanos.

5. Sin la Eucaristía no tendrías acceso a la vida eterna.

6. Dios es tu Creador y debes dedicarle tiempo a él.

7. Para que tu hija / hijo hará la 1 ª Comunión y tu eres su primer educador en la fe.

 

La contradicción del católico no practicante: "Tengo dudas de fe"

La fe es un don de Dios, con lo cual hay que pedirla. Alejarte de Dios dejando de ir a Misa no parece el mejor método para resolver dudas de fe e incrementarla. La frecuencia de los sacramentos- la confesión y la comunión - es la más efectiva manera de aumentar la fe.

Pocas cosas hay más inconsistentes que llamarse "católico no practicante". Es prácticamente una contradicción de términos. A veces se escucha que alguien lo dice de sí mismo, incluso con cierto orgullo, como si definiera su manera de ser católico con un calificativo normal, como si otro pudiera decir soy un "católico hispanohablante". Es decir, como si hablara de una variedad normal de católico, de una opción más, como si se pudiera ser un "buen católico " y no practicar.

"Hay gente que va a Misa y luego se lleva mal"

"Yo no quiero ser como ellos", dices seguro de ti mismo. "Además, hay otros que no, y son buenos". Es evidente que sólo con ir a Misa no es suficiente. Pero también lo es el hecho de que no se puede mezclar la física nuclear con el dulce de leche, ya que las dos cosas no tienen nada que ver. La causa de su supuesta deshonestidad no es " ir a Misa ". Lo mismo se puede decir de los "buenos " que no van a Misa: su " bondad" no procede de su falta de Misa y tan "buenos" no serán si les falta una dimensión tan importante de bondad como es el tratar con la bondad misma, es decir, Dios. Por otra parte, yo creo que nadie se atrevería a decir que los que no van a Misa son mejores que los que van. Finalmente, esto no es un concurso de bondad, ni de comparaciones, sino tratar de determinar qué bien hace ir a Misa. Y claramente, el dejar la Misa no mejora a nadie, en todo caso, la empeora.

 

Un católico que vive como si no lo fuera, que permanece como católico sólo teóricamente, va perdiendo la fe, su adhesión a la doctrina católica. En primer lugar, porque la olvida. Es cada vez menos católico. Se cumple aquello de San Agustín: " el que no vive como piensa, acaba pensando como vive". Su relación con Dios quedará reducida a compromisos sociales (bautismos, bodas, primeras comuniones, confirmaciones, funerales... ) y determinadas necesidades (salud, dinero, trabajo... ) imperiosas que le harán recordar que Dios existe y que hay que dirigirse a Él.

Un problema serio surge cuando dejamos de ir a Misa, significa el comienzo de una religiosidad centrada en uno mismo, en la que lo que Dios manda deja de ser la regla y se sustituye por el que yo siento, pienso, por lo que me cae bien, etc. Una religiosidad frente al espejo. Se deja de ponerse frente a Dios para ponerse frente a sí mismo. Como consecuencia de abandonar la vivencia dominical y eucarística en general, comienza un proceso de insensibilización espiritual: con lo sagrado, con una espiritualidad que se va secando, con el terreno del alma que se va volviendo cada vez más árido en cuanto a las cosas de Dios, que cada día motivan menos, aburren más, etc. Pecados que antes preocupaban, dejan de preocuparse. El alma se va volviendo indiferente, pierde sensibilidad espiritual. Y todo esto sucede poco a poco. Quien deja de ir a Misa, al principio puede tener la impresión de que no pasa nada, de que todo sigue igual, pero en verdad no es así. Ha dejado de ser teocéntrico, de vivir centrado en el misterio de la Eucaristía y del Domingo.

Desplazar Dios del centro de la vida se paga caro. Es como el pecador a quien puede parecer que su pecado no tiene consecuencias, pero tarde o temprano descubre que de Dios nadie se burla. Dejar a Dios tiene serias consecuencias. Digámoslo claro: para un católico no practicante el punto central es el abandono de la Misa dominical. Nunca encontrarás un motivo positivo para dejar de ir a Misa y un motivo que sea virtuoso, es decir, que provenga de algo valioso, que dé valor al acto de no ir a Misa, o que demuestre que es mejor no ir que ir.

Lamentablemente, casi nadie ha dejado de ir a Misa por una decisión serenamente meditada, después de haber pensado y estudiado el asunto y decidir, razonablemente, que era mejor no ir. Es decir, casi nadie decide dejar de ir a Misa. Lo que pasa es que de hecho se deja de ir, sin saber mucho el porqué.

Por mal que te puedan caer las personas, la comunidad parroquial o iglesia o, incluso, el propio cura, no vas a Misa para darles gusto, ni para hacerles un favor. Lo mismo ocurriría si fueras sólo a aquella Misa porque hay muy buen ambiente y para que las personas, incluido el cura, son mucho tu forma de ver y hacer las cosas. Con tu asistencia o ausencia quien gana o pierde eres tú y tu amor a Dios. Además... seguramente que en la ciudad donde vives puedes encontrar alguna comunidad, personas o sacerdotes con los que te encuentres bien y nada sea una excusa para dejar de ir a Misa o perder la relación con Cristo, el Señor.

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