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La Veu de la Parròquia
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La Veu de la Parròquia

Época 2/Núm. 447. DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO. 30 junio 2019

Esas monjas concepcionistas fueron asesinadas durante la persecución religiosa que pretendía eliminar a la Iglesia en España. Murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no quisieron renegar de su fe y de sus votos religiosos. Nunca tuvieron una actitud de animosidad hacia aquellos que fueron la causa de su sufrimiento y se dirigieron al sacrificio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos. Sus muertes heroicas son un signo elocuente de cómo la vitalidad de la Iglesia no depende de proyectos o cálculos humanos, sino que brota de la total adhesión a Cristo y a su mensaje de salvación. Es la fuerza de la fe, de la esperanza y del amor que ha demostrado ser más fuerte que la violencia: ha sido vencida la crueldad de los pelotones de fusilamiento y de todo el sistema de odio organizado. No podemos dudar de la fecundidad de esta simiente, aunque parecen crecer, bajo diversas formas, las fuerzas que intentan erradicar de las conciencias y del tejido social el semen christianorum, es decir, los valores cristianos. Ante las actitudes de cerrazón hacia las personas más necesitadas, ante el indiferentismo religioso, el relativismo moral, la arrogancia de los más fuertes frente a los más débiles, ante los ataques a la unidad de la familia y a la sacralidad de la vida humana no podemos olvidar la fuerza del Evangelio”. Cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

 

VACACIONES CON DIOS. Si te vas de vacaciones llévate a Dios contigo, no lo dejes como si fuera una planta de las que te va a regar la vecina y a ver cómo te lo encuentras al volver. ¡Llévate a Dios de vacaciones! Llévalo en tu corazón y en tu cabeza, llévalo en tu coche durante el viaje, llévatelo a tu cuarto, en tu casa de veraneo, llévalo colgado al cuello: reza una oración al iniciar el viaje para que el Señor te guíe y te haga llegar bien a tu destino, y dale las gracias cuando llegues. Pon un rosario colgando del retrovisor, o un crucifijo en el compartimento de las monedas, así cuando mires el espejo o vayas a pagar el peaje te acordarás de Dios. Pon una estampa de la Virgen en cada dormitorio de tu casa y dile algo bonito a tu Madre del Cielo cada vez que la veas. Ponte una cadena con un escapulario del Carmen, una cruz o una medalla; es una forma muy bonita de llevar a Dios cerca del corazón y dar testimonio de tu fe. Y si tenemos tiempo para hacer limpieza del alma mucho mejor.

 

PRIMERA MISA DE MN. DAVID DE BLAS. Domingo, 14 de julio, a las 12:00h. Después de ser ordenado sacerdote en el gozo del Espíritu, llegará la hora de recibir en nuestra Parroquia al nuevo sacerdote para presidir su primera celebración de la Eucaristía en esta que es su Parroquia. El presbítero ha de vivir encendido en el Espíritu. San Alberto Hurtado definía al sacerdote como “un fuego que enciende otros fuegos”. Santa Catalina de Siena decía a los sacerdotes: “si son lo que deben ser, prenderán fuego al mundo”. Es la tercera gracia de vocación sacerdotal que se nos ha concedido vivir en nuestra comunidad. Oremos para que no se apague este fuego de amor. El sacerdote no está llamado a hacer muchas cosas, mucho ruido, sino a dar frutos de vida eterna. Permaneciendo ardiente en la caridad pastoral todos se sentirán más cerca de Dios. Preparamos con alegría esta celebración junto a su familia, a sus compañeros de curso y a tantos amigos y feligreses que le han visto crecer entre nosotros. ¡Enhorabuena Mn. David de Blas! ¡Damos gracias a Dios!

 

EL CORAZÓN DE JESÚS SANA LAS HERIDAS DE NUESTRO TIEMPO. La herida de la desconfianza. La desconfianza arraiga en el corazón del que se siente inseguro de sí mismo. La seguridad la encontramos en el sabernos amados. Viviendo en el Corazón de Jesús escuchamos esa palabra sanadora: “Tú eres mi hijo amado el predilecto”. Esa palabra nos sana y nos hace confiar contra toda desconfianza. La herida de la dureza de corazón. Decía San Bernardo que es el peor de todos los males. La dureza de corazón muchas veces es fruto de un sufrimiento “mal encajado”. ¡Cuántos corazones duros encontramos que ya no saben gozar con el bien y entristecerse ante el mal! El Corazón de Jesús ablanda nuestro corazón porque nos hace descubrir que cuando nosotros sufríamos Él sufría con nosotros y por nosotros. La herida del narcisismo.¡Cuánta angustia en nuestros contemporáneos por vivir siempre pendientes de sí mismos! Quien se sabe contemplado por un Amor gratuito sale de sí mismo al encuentro de los demás. El que experimenta la mirada del Corazón de Jesús, aprende a olvidarse de sí mismo y a mirar a los demás con admiración y agradecimiento. La herida de la impureza.El pecado original tuvo como primera consecuencia una mirada posesiva del hombre respecto a la mujer y de la mujer respecto al hombre. En nuestros días el consumo de pornografía ha llegado a límites insospechados. El Corazón de Jesús cura la herida de nuestra impureza restaurando la mirada hacia nuestro cuerpo y el de los demás, percibiéndonos como un don y un misterio los unos para los otros. La herida de la secularización.La sociedad occidental se ha acostumbrado a vivir sin Dios. Un mundo sin Dios es un mundo triste porque no sabe responder a las preguntas más profundas que anidan en el corazón humano. El Corazón de Jesús es signo de un Amor que quiere reinar en todos los Corazones. La familia que lo acoge, el pueblo que lo reconoce como su Señor queda curado de la herida de la secularización y encuentra la paz y la alegría de la salvación. La herida de la indiferencia.A todos nos duele que en una conversación no nos tomen en cuenta. El mundo digital nos tiene anestesiados ante el mundo real que es el de los hombres que caminan a nuestro lado con alegrías y esperanzas, con tristezas y sufrimientos. El Corazón de Jesús nos despierta del sueño de la indiferencia ante el que vive y sufre a nuestro lado y nos hace caer en cuenta de que Dios, en Jesús nos ha amado en serio. La herida de la ingratitud.De las primeras cosas que se aprenden cuando uno se sabe amado es a dar gracias. La carencia de amor gratuito incapacita al hombre actual para la gratitud. Quien se pone ante el Corazón de Cristo percibe que es amado por un amor que no pide a cambio más que nos dejemos amar por Él. Ese amor nos cura y nos hace dar gracias por ser capaces de amar y de ser amados por Dios y por los demás.

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