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La Veu de la Parròquia
CAT  ESP
La Veu de la Parròquia

Época 2/Núm 386. DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO.

19 de noviembre de 2017

 

Estamos un poco artos que en la vida social se nos trate, en muchas ocasiones, con displicencia, con disgusto o extrañeza. Bastantes problemas nos ofrece la vida como para presentar a Dios como el gran problema, cuando realmente es la solución. Y nunca por táctica propagandística, sino por justicia hacia El que es el Amor. Hoy se le puede ver así cuando se mira con ojos limpios. Los católicos diremos que la Iglesia es un lugar de amor y bienvenida, de crecimiento y sanación, de apoyo y enriquecimiento, de sabiduría y gracia, de aceptación incondicional; y que desempeña un papel crucial en la construcción de un mundo más humano y generoso. He aquí un secreto de nuestro tiempo, del que no hablan los periódicos: los católicos amamos la Iglesia. Por eso nos sentimos frustrados al ver la imagen distorsionada de la Iglesia que aparece en los medios de comunicación: una institución presentada como dogmática, intolerante y arisca, interesada en los suyo, que impone modos de pensar y de vivir, y que margina a los que piensan de otro modo. En resumen: el imperio del “no”, en lugar del “sí”.

  

RETIRO DE EFFETÀ PARA JÓVENES. Desde este viernes hasta el atardecer del domingo tenemos ya el primer retiro de los dos que tienen lugar cada curso (noviembre-abril) en nuestra Parroquia. Un centenar de jóvenes (70 caminantes que reciben el retiro y 40 servidores que lo organizan) tendrán la oportunidad de convivir en un ambiente de fe, de reflexión, de testimonios y celebración para acoger con mayor conciencia el amor de Dios y la renovación que el Espíritu procura para nuestra conversión. Nuestro párroco les acompañará y celebrará la eucaristía de clausura del domingo por la tarde. Después del retiro se anima a los jóvenes a la inserción en la vida de la Iglesia diocesana, en grupos de oración y formación, en parroquias y movimientos, de forma que encuentren cauces de compromiso, de apostolado y de amistad para no vivir en soledad la vida en Cristo. Oremos por los que recibirán el retiro y por sus familiares y amigos. Para que todos se abran a la novedad de Cristo.

 

VISITA AL BELÉN VIVIENTE DE CORBERA, sábado, 14 de enero.El "Pessebre Vivent" de Corbera de Llobregat se representó por primera vez el 24 de diciembre de 1962 en el incomparable escenario natural de la Penya del Corb, donde se sigue representando hoy en día. Es impresionante que se pueda contar con tantas personas de todas las edades, que ya esperan el primer domingo de diciembre para iniciar las representaciones. Hasta tres generaciones se reúnen juntas y hacen que la continuidad quede garantizada. El nombre de Corbera de Llobregat se ha extendido por todo el mundo gracias, en buena parte, al Pesebre. La época de expansión urbanística de Corbera aprovechó el “poder mediático” del espectáculo para invitar a vivir en el municipio en el que se representaba el primer Pesebre viviente de Cataluña. En el pueblo se ha conseguido crear una fiesta y un acontecimiento inseparable de la celebración de la Navidad para muchas personas tanto para los colaboradores como para los visitantes. Plazas limitadas, 15€ (autocar y entrada al Pesebre). No dejéis vuestra inscripción para última hora, en la sacristía o despacho parroquial.

 

MISAS POR LOS VIVOS Y LOS DIFUNTOS.Desde principios del cristianismo, los fieles han mantenido la costumbre espiritual de orar por los difuntos y ofrecer prácticas devotas por ellos. Con ello se pone en práctica la firme creencia en la comunión de los santos, es decir, que los fieles presentes y los difuntos estamos vivos ante Dios, todos hijos de la misma familia ante el Padre, en la que los hijos de este mundo ruegan para que Dios Padre perdone los pecados y las faltas de los hijos difuntos en virtud del sacrificio único de Jesucristo en la Cruz. Orar por los difuntos, por tanto, es un acto de amor de unos hermanos por otros. La Eucaristía es el sacramento de la unión con Jesucristo y con los hermanos (también los difuntos), por eso los cristianos iniciaron la costumbre de pedir a sus sacerdotes que la intención general por los difuntos en la celebración de la misa fuera también aplicada por sus difuntos más queridos (esas oraciones se llaman sufragios). Es lógico que pidieran a la Iglesia como comunidad cristiana que rogara por sus difuntos. "El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza. En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia" (Catecismo 201 -211). Aunque esta devoción se fundamenta en las raíces más profundas y bellas del amor cristiano, en los últimos tiempos ha bajado esta conciencia y pocos se acuerdan de pedir que la Iglesia ore por sus difuntos. Qué más podríamos desear nosotros, cuando morimos, que aquellos que nos aman oren por nosotros, y que lo hagan en el momento de la Eucaristía. Este es el gesto de amor hacia los difuntos que más nos acerca a Dios. El encargo de la misa por un difunto no tiene ningún valor material: nada puede pagar el valor de un sacramento. La limosna que los fieles ofrecen no es el precio de la misa, sino un signo de desprendimiento y una ayuda para sostener al sacerdote que celebra la misa. Las limosnas de misas no son para la parroquia. Con los encargos de misas, nuestra parroquia paga los estipendios a los sacerdotes. Así, cuando se solicita una misa, no sólo se hace un acto de caridad hacia el difunto, sino que ayudamos a que aquella misa se pueda celebrar cada día. Se puede aplicar también la Misa por los vivos: para pedir al Señor por cualquier necesidad propia o ajena (por otra persona o personas); en acción de gracias a Dios, por los beneficios que de Él recibimos teniendo en cuenta la intercesión de la Santísima Virgen María (incluso en alguna de sus advocaciones), o la intercesión de algún Santo (a quienes tienen particular devoción).

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