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La Veu de la Parròquia
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La Veu de la Parròquia

Época 2/Núm 411. LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA. 24 de junio de 2018

 

Al ver un féretro de adulto salir de una clínica abortista pensé: “Te creíste libre de nuevo en cuanto te dijeron que esa era una solución por la que tú podías optar. Claramente nadie te acompañaba en ello ni te ofrecía alternativas de compromiso, claramente te abandonaban y parecían esperar que tomases esa decisión para volver a acogerte, claramente, en definitiva, te decían lo que debías hacer al tiempo que te dejaban claro que era tu decisión. Nadie te dijo tampoco que el camino de vuelta es inexistente y que el destino final del que te ofrecen no es volver a tu vida previa, sino la vida de madre, ya siempre de madre, pero de un hijo muerto y muerto por tu decisión. Eso en la mayoría de los casos, porque en el tuyo no, en el tuyo serías madre muerta de un hijo muerto. Nadie te habló de ello, quizás en alguna letra minúscula, en alguno de los muchos formularios que rellenaste y firmaste mientras escuchabas que eso era puro protocolo. Salgo de tu caja, amiga, y te llevo conmigo. Me llevo a la mamá y al bebé y pediré para vosotros un destino final unidos y felices. Nada ni nadie podrá arrebataros vuestra humanidad, vuestra dignidad”.Paulina Sada (voluntaria de la Fundación Vida).

 

SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles. Misa solemne, viernes 29 de junio, 20:00h. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Una “roca” no da idea de inestabilidad, sino de todo lo contrario, de solidez y firmeza: inamovible. Y así ha sido desde entonces, a pesar de los pesares y de los empeños en que fuese de otra manera. Que los ha habido, como los hay, y como quizá los habrá también. Lo mismo que las resistencias al Espíritu Santo. Por no hablar de las puertas del infierno que no prevalecerán; o aquello otro: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Todo ello no da ninguna idea de inestabilidad, provisionalidad o riesgo: al contrario. Jesús no deja ningún tema abierto a la duda, a la incertidumbre, a la sospecha, a la angustia. Lo toca todo, lo aclara todo, sin dejar nada que se refiera a nuestra salvación al albur o a nuestra posible y falible indagación. Sólo hay un tema que expresamente deja “abierto", si se quiere decir así: los pobres, los tendréis siempre con vosotros. No era un tema de primera línea para la Iglesia y sus hijos y mucho menos con carácter exclusivo como da la impresión ahora. Pero ni la Iglesia ni sus hijos se han olvidado de ellos, antes al contrario. Y eso, desde el primer minuto de su caminar terreno. La realidad histórica es que la Iglesia Católica ha sido la primera y la única institución en la tierra que, hasta hace un par de siglos, se ha ocupado de ellos. Y, en muchos casos y sitios, sigue siendo todavía la única; y también la más generosa, con muchísima diferencia. Por eso la Iglesia Católica no puede ir nunca “más allá de sí misma". Por una única razón que engloba todas las demás que puedan aportarse: más allá de ella misma, no hay nada y, por tanto, no tiene nada que hacer allí, porque no hay dónde ir. La Iglesia Católica, por mandato expreso de Cristo, “sale” de sí misma - para esto “es” y “está"- en busca de las almas -Id por todo el mundo, predicad el evangelio…- para “llevarlas", precisamente, al mismo Cristo que le ha dado tal misión.

De hecho, es el Señor quien nos busca en su Iglesia a través de sus miembros, generación tras generación. Ni la Iglesia ni sus miembros no pueden darse otro fin ni otra misión: dejarían de ser lo que son, y Cristo tendría que buscarse otra mediación y otros mediadores. Éste es el único movimiento válido y admisible para la Iglesia Católica, y para todos y cada uno de sus hijos. Porque es Jesús mismo quien lo dice, y no una vez solamente: No sois vosotros los que me habéis elegido -por si alguien se creía otra cosa-, sino que soy Yo quien os he elegido, y os he puesto para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca. Y el mismo Pablo -la primera “teología de rodillas” y en la Cruz que se hace en la Iglesia- abundará en lo mismo: Nos ha elegido el Señor, desde antes de la constitución del mundo…

 

NO ES INMIGRACIÓN. ES ESCLAVISMO. Iwobi fue el encargado de explicar en el Senado la negativa del Gobierno a permitir que el Aquarius desembarcarse su carga humana en Italia. La reacción generalizada en la Cámara Alta fue el silencio. ¿Quién se atrevería a llevarle la contraria en este asunto al primer senador africano de Italia, inmigrante él mismo? Iwobi, llegado a Italia a estudiar en 1975, es el ejemplo perfecto de la diferencia entre lo que se entendía hace no muchos años por inmigración y lo que pasa hoy con ese nombre. Iwobi hoy es italiano, naturalmente, pero se niega a perder su condición de inmigrante, un inmigrante que llegó con todos los papeles en regla y se sometió a los controles legales sin problemas, respetando en todo momento la legalidad de su país de adopción. Su idea era estudiar en Italia y volver a Nigeria, pero encontró a la que sería su mujer y decidió quedarse. Y hoy es, para confusión de muchos, el primer senador negro del país, en representación de un partido rutinariamente acusado de racista. Para acabar de estropear la narrativa, asegura no haber encontrado nunca racismo en Italia: “Si respetas, encuentras respeto”, dice. Se opone a la llegada de las pateras y los barcos de rescate habiendo sido él mismo inmigrante: “Esto no es inmigración, es esclavismo. Antaño partían esclavos de África hacia las plantaciones de algodón, hoy la motivación es la mano de obra barata y la explotación de la prostitución. África ha sido privada de sus mejores recursos; antes, los recursos naturales y hoy, sus recursos humanos. Quien llega aquí lo hace engañado, víctima de una estafa”. Iwobi, que no ha perdido sus lazos con su Nigeria natal, llama la atención sobre la perspectiva de los países de origen. “Quienes aseguran querer ayudar a los africanos deberían concentrarse en programas de ayuda al desarrollo de estos países, no en privarles de sus jóvenes”. Los obispos del llamado Tercer Mundo están en contra de esta falsa inmigración y hacen todo lo que pueden por informar a sus fieles. Pero a Iwobi le sorprende que algunos episcopados europeos la fomenten.

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